Carolina Baldini recorrió los impenetrables paisajes escoceses junto a un grupo de viajeros. Entre rotondas a contramano, momentos de risas y una inesperada tormenta que le impidió filmar, se lució al mando de su BMW 1300 GS rumbo a Aberdeen.
La travesía de Carolina Baldini: rodar a contramano y el encanto de los paisajes escoceses
La empresaria se embarcó en una nueva y apasionante aventura sobre ruedas, eligiendo los paisajes de Escocia como el escenario perfecto para dar rienda suelta a su conocida y gran pasión por las motos. Lejos de los lujos urbanos y de las rutinas habituales, Baldini decidió sumergirse de lleno en el espíritu del mototurismo más puro, explorando caminos donde la naturaleza se mostró imponente y salvaje.
Acompañada por un grupo internacional de entusiastas de las dos ruedas, la travesía comenzó bien temprano, alrededor de las 8:30 de la mañana. La partida se gestó desde locaciones impactantes, teniendo de telón de fondo históricos castillos de piedra que parecían sacados de un cuento medieval. Conformando un equipo heterogéneo y multicultural, las mujeres pisaron fuerte en la ruta, demostrando que la adrenalina del asfalto no conoce de géneros. Al ver la integración del grupo, Carolina dijo con entusiasmo: "Vieron cuántas mujeres", celebrando la pluralidad y la camaradería que reinaba desde el primer kilómetro.
Sin embargo, la primera gran prueba de fuego para la exmodelo llegó al tener que transitar por las complejas rutas escocesas, donde rige la normativa de manejo por el lado izquierdo. Con total sinceridad, la empresaria reconoció frente a la cámara: "Estaba un poco nerviosa porque manejar del otro lado, en Escocia se maneja del lado izquierdo, y estaba un poco nerviosa porque las rotondas no sabía cómo... tenía miedo de distraerme".
A pesar de los temores iniciales y de la tensión lógica de coordinar los reflejos en sentido contrario al habitual, con el correr de los kilómetros logró amigarse con la dinámica vial. El esfuerzo tuvo su recompensa visual al concretar su primera parada emblemática frente al mar, deteniéndose junto al imponente puente The Forth Bridge en South Queensferry.
Entre risas cómplices con sus compañeros, también se dio el espacio para compartir momentos distendidos al cruzarse con personajes locales muy simpáticos que lucían el tradicional kilt escocés. Fiel a su estilo bromista, no dudó en comentar sobre uno de ellos: "No será el actor de Outlander, pero era simpático".
La complicación inesperada y el poder de la BMW 1300 GS
No todo fue color de rosa en el itinerario de la exmodelo. Tras realizar una breve pausa para almorzar y estirar las piernas junto a sus colegas de ruta, el contingente se tropezó con el verdadero obstáculo de la travesía: un cambio drástico en las condiciones meteorológicas.
Llovió tanto y con tanta intensidad durante los tramos posteriores que a Carolina le resultó materialmente imposible filmar o registrar en video gran parte de ese recorrido. Al respecto, detalló con resignación pero con buen humor: "No pude filmar nada de la ruta porque llovió un montón, un montón".
Pese a este contratiempo climático que empañó las cámaras y obligó a extremar los recaudos de seguridad, el viaje continuó su marcha firme rumbo a Aberdeen. El trayecto estuvo salpicado por modificaciones de última hora, desvíos obligados y las indicaciones en inglés que ella misma tomaba con gracia al admitir sin complejos: "Ah, ¿qué era en inglés, no? No entendí nada pero no importa".
Aferrada firmemente a su inseparable compañera de fierro, a la que llama cariñosamente su "pantera negra" —una flamante y todoterreno BMW 1300 GS—, Carolina demostró estar más que preparada para devorarse kilómetros bajo cualquier condición climática, ya sea sol radiante o diluvio universal. Posando junto a su vehículo y enfundada por completo en su equipo de seguridad, compuesto por casco homologado y campera técnica, logró sobrellevar las inclemencias del tiempo escocés con una sonrisa incombustible y una energía arrolladora.
Esta nueva travesía volvió a dejar en claro que, para Carolina Baldini, subirse a la moto es mucho más que un simple hobby: es una filosofía de vida donde la camaradería, los paisajes de postal y la adrenalina intacta se fusionan para regalarle la libertad absoluta de rodar sin ataduras.
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