Lorena Díaz sabe que ningún detalle en pantalla es casual. Los stilettos de Vicky Mori, el personaje de Griselda Siciliani en Envidiosa, hablan tanto como sus diálogos. “La Pochi”, el icónico rol de Bárbara Lombardo en El Puntero, difícilmente habría existido sin ese pelo colorado inolvidable. Y las hermanas Estrella jamás se habrían diferenciado entre sí sin un universo visual pensado al milímetro para cada una.
Detrás de esos personajes que quedaron grabados en la memoria de varias generaciones hay una mente creativa y un equipo que trabaja durante meses para construir identidades. Porque en la ficción nada comunica solo desde el guion: la ropa, el maquillaje y el peinado también cuentan historias, revelan personalidad y transforman a un personaje en algo imposible de olvidar.
De las canchas de tenis a los sets de grabación: el cambio de vida de Lorena Díaz
Aunque hoy es una de las vestuaristas más importantes de la ficción argentina, Lorena Díaz nunca imaginó que terminaría trabajando en moda y televisión. "Vengo de una familia más del ámbito deportivo. Yo hacía deporte, jugaba al tenis", contó en diálogo con CARAS.
Durante años, su universo estuvo mucho más ligado a las canchas que a los sets de grabación. Sin embargo, había algo que empezaba a aparecer de forma intuitiva: la fascinación por las imágenes. "Siempre tuve pasión por las revistas. Recortaba fotos y hacía collages en las paredes de mi cuarto", recordó.
Su camino profesional, de hecho, parecía ir por otro lado. Estudió periodismo y mientras cursaba consiguió trabajo en Editorial Perfil como asistente de una productora de moda. "Una amiga modelo me consiguió ese trabajo y yo dije: ‘Bueno, es una oportunidad para empezar en una editorial’", relató la vestuarista. Lo que no imaginaba era que esa experiencia terminaría cambiándole la vida.
A partir de ese momento, una oportunidad llevó a la otra. Una compañera de la editorial le comentó que una vestuarista buscaba una meritoria para una película. Ella aceptó sin pensarlo demasiado: "Trabajabas prácticamente sin cobrar, pero para mí era una pasión. El cine era algo impensado, inalcanzable. En esa época no sabías por dónde entrar".
Después de participar en varias películas, llegó el gran giro de su carrera. Durante el rodaje de Cohen vs. Rossi, la diseñadora de vestuario debió ausentarse por un problema de salud y ella quedó a cargo del área. Poco tiempo después, productores vinculados a Polka le ofrecieron hacerse cargo del vestuario de Por el nombre de Dios, la ficción protagonizada por Alfredo Alcón y Adrián Suar. “Tenía 23 o 24 años y esa edad en la que sentís que podés hacer todo. Dije que sí sin pensarlo demasiado”, contó sobre el instante que la catapultó en su carrera.
Lorena Díaz, vestuarista: "Lo importante es encontrarle un mundo a cada personaje"
Ese fue el inicio de una carrera que ya lleva más de 30 ficciones entre unitarios, novelas y series. Durante 22 años trabajó en Polka y pasó de un género a otro sin pausa. “Terminabas una serie y a la semana siguiente te decían: ‘Bueno, ahora vamos a hacer otra completamente distinta’. Tenés que resetearte al instante”, explicó.
Para Lorena Díaz, el vestuario no consiste solamente en elegir ropa linda. Cada personaje requiere una construcción casi psicológica: “Empiezo leyendo el guión y anotando el perfil de cada uno. Lo importante es encontrarle un mundo: a qué clase social pertenece, en qué barrio vive, a qué se dedica, cuáles son sus inquietudes”.
Ese proceso involucra largas reuniones con directores, actores, maquillaje, peinado y arte porque, según remarcó, su tarea es “acompañar al director a contar la historia”. “El vestuario les sirve muchísimo porque dejan de ser ellos para convertirse en el personaje”, asegura sobre el rol de los protagonistas. Y agregó: “A veces parece que el actor vino vestido de su casa, pero detrás hay muchísimo trabajo”.
Aunque la vestuarista ya había trabajado en ficciones muy populares como El Puntero, Separadas y Guapas además de 30 unitarios, reconoce que el fenómeno de Envidiosa tuvo otra dimensión. "Yo hice Las Estrellas, que también tuvo mucha repercusión, pero ahora es distinto por las redes sociales. Antes la gente llamaba a Polka para preguntar de dónde era una prenda. Ahora me escriben directamente a mí", resaltó.
Gran parte de esa repercusión estuvo puesta en el personaje de Vicky Mori y en sus looks cargados de color, texturas y stilettos imposibles. Encontrar esa estética llevó tiempo y muchas conversaciones con Griselda Siciliani. "En un principio la plataforma quería algo más tradicional, más hegemónico. Pero Griselda decía: ‘Yo sé cómo lo voy a actuar y siento que tenemos que ir por otro lado’", recordó.
A partir de esa búsqueda apareció una identidad visual muy marcada: "No nos copiamos de nadie en particular. Fue una mezcla de cosas acompañando la personalidad de Vicky". Los famosos stilettos, las minifaldas y las combinaciones intensas terminaron convirtiéndose en parte esencial del personaje. Y detrás de cada escena había un trabajo minucioso.
Una carrera atravesada por historias
A lo largo de su recorrido, Díaz trabajó con figuras como Julio Chávez, Rodrigo de la Serna, Joaquín Furriel, Leticia Brédice, Violeta Urtizberea y Benjamín Vicuña, entre muchos otros. Entre los proyectos que más la marcaron menciona Locas de amor, Las Estrellas y El Jardín de Bronce, dos producciones completamente distintas que la desafiaron desde lugares opuestos. También recuerda con especial cariño El Puntero, donde el trabajo de construcción social y estética fue fundamental para personajes como "La Pochi".
Hoy, ya alejada de la estructura fija de Polka y trabajando de manera freelance, sigue saltando de un género a otro. Actualmente se encuentra desarrollando una nueva serie centrada en la salud mental para una plataforma, con un tono mucho más intimista y naturalista que Envidiosa.
Después de tantos años en la industria, hay algo que todavía la entusiasma igual que el primer día: salir a recorrer locales imaginando personajes. "Voy viendo ropa y pienso: ‘Esto sería para tal personaje’. Me sigue fascinando", dijo. Y quizás ahí esté el secreto detrás de sus trabajos más recordados: entender que, antes de hablar, los personajes también se cuentan a través de lo que llevan puesto.
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