jueves 26 de febrero del 2026
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Rocío Marengo habló del parto prematuro de su hijo: “Nunca lloré tanto en mi vida”

La modelo brindó detalles de cómo transitó el pre y el posparto mientras su bebé estaba internado en neonatología.

Rocío Marengo y su hijo Isidro
Rocío Marengo y su hijo Isidro | Instagram

El pasado 3 de diciembre, a los 45 años, Rocío Marengo se convirtió en madre por primera vez. Luego de atravesar un arduo tratamiento de fertilización que incluyó la ingesta de hormonas y colocación de inyecciones, logró concretar su sueño y quedó embarazada. Sin embargo, el camino no fue fácil. A pocas semanas de dar a luz, las complicaciones comenzaron a emerger y algo inesperado hizo que el pequeño Isidro nazca con 8 meses, quedando internado por veinte días en neonatología. Ante esto, la modelo contó en detalle cómo fue aquel momento en el que corrió peligro la vida de su bebé. 

La dura confesión de Rocío Marengo

A tres meses de haberse convertido en mamá de Isidro, Rocío Marengo se hizo presente -junto al recién nacido- en el piso de LAM (América TV). Allí, la influencer habló cara a cara con Ángel de Brito y se sometió al cuestionario de todo el panel, quienes indagaron todos los pormenores del parto prematuro del niño. En primera instancia, comenzó explicando que, ya en la revelación del género de su bebé, comenzó con pérdidas que no cesaban ni siquiera con reposo. Al principio, tomaba una medicación para subsanar las pérdidas, pero llegó un momento que todo se tornó insostenible, razón por la cual le realizaron una cesárea de urgencia. “El día que me fui para la clínica me fui con una remerita y una bombachita. No tenía el bolso preparado”, afirmó dejando en claro que sólo se trataba de un control periódico que desencadenó en un parto anticipado. 

Rocío Marengo
Rocío Marengo | Instagram

El hijo que tuvo junto a Eduardo Fort nació ochomesino lo que significó que, tras su nacimiento, quede internado en neonatología. “Cuando salí sin Isi y sin panza todo fue raro. Llegué a casa y al toque me quise ir de vuelta a la clínica”, contó abriendo su corazón y profundizando en una de las fibras más sensibles de su experiencia como madre. Fue en este momento en el que confesó: “Nunca lloré tanto en mi vida. No paraba de llorar”.

Una historia de búsqueda con final feliz

La llegada a su casa sin Isidro le generó a Rocío Marengo un impacto emocional muy fuerte ya que llegó “sin panza y sin bebé”, algo antinatural para las mamás que buscaron durante tanto tiempo un embarazo. No obstante, resaltó que el niño sólo estaba en el sector de cuidados intensivos para bebés debido a su bajo peso, encontrándose sano de salud. “Me emociona porque bloqueé y le di para adelante”, dijo, mientras que añadió: “Y las chicas al lado mío, que también tenían otras historias, que uno también a veces le quiere dar fuerza a ellas que están peor que vos”.

Rocío Marengo
Rocío Marengo | Caras

En este marco, explicó: “Yo viví la experiencia de neo con un bebé sano que solamente tenía que estar para engorde. Tenía que aprender a succionar, tragar y respirar”. Aunque reconoció que fue impactante ver al nene conectado a una sonda para que pueda alimentarse, logró entender que era lo que necesitaba para estar bien. De acuerdo al testimonio de la pareja del empresario, el nacimiento inesperado de su retoño se debió a que tenía levemente "desprendida la placenta", situación que puso en riesgo la salud de ambos.

Por su parte, también habló del hate que recibió a fin de año cuando asistió a una fiesta, mientras el recién nacido permanecía bajo estrictos cuidados médicos. “Fue una cena de fin de año de una empresa de mi hermano que fui diez minutos. Aparte en un comentario me ponían ‘Yo dormiría en la clínica’. Yo también lo haría. En el piso lo haría. Pero no podés dormir en la clínica”, remarcó. 

Finalmente, Rocío Marengo con su hijo en brazos, reconoció su acto de valentía a la hora de afrontar todo este difícil proceso donde no sólo se transformó en mamá, sino que tuvo que lidiar con lo que todas las primerizas temen: tener a su bebé internado en neonatología. “Creo que me manejé bien. Fui muy fuerte. Muy fuerte”, concluyó con una sonrisa de satisfacción al superar las adversidades y al ver crecer sano y fuerte al pequeño Isidro.

NB

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