miércoles 16 de junio de 2021
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TEATRO | 15-07-2015 17:04

Exquisita y refinada comedia donde el amor , se vuelve protagonista

Diego Peretti y Paola Krum encontraron la formula del la ternura y el exito.

Siempre se busca el amor. Aunque para aferrarse a él uno deba atravesar dolores. Todos buscamos un corazón pleno y radiante de pasión. Aunque tengamos que despojarnos de viejas mochilas a las que creíamos el único sostén de nuestra vida. Alcanzar la armonia tiene un costo: y hay que jugarse. De esta manera, “La Chica del Adios”( en el Metropolitan Citi) aborda el vínculo de dos seres antagónicos que luchan por separarse con la misma fuerza que pelean por la entrega y el reencuentro. Seres comunes; con miserias y verdades. Con temores y ganas. La obra enaltece la comedia. Sus textos – escritos por el genial Neil Simon- son puros y llevan la simpleza de lo grande. El humor prevalece como protagonista central de un laberinto de situaciones cotidianas. Existe la esperanza, hay poesía y un romanticismo que el público – especialmente el femenino- agradece con sonado entusiasmo. Diego Peretti se luce con su personaje – en el cine fue protagonizado por Richard Dreyfuss, en 1997- y logra expandir todos sus recursos actorales. Se mueve con gracia, no le teme al ridículo y todo lo expresa con convicción: tiene oficio y una ternura natural que potencia sus cualidades. Paola Krum navega sobre mares conocidos. Es en el escenario donde mejor se mueve y entendió su personaje, que le viene como anillo al dedo: ex bailarina, cantante y actriz con estado civil “dejada”. Su maduración actoral está ligada a su credibilidad interpretativa. Le sobra belleza y talento El elenco se completa con la joven actriz Lucia Palacios – que con solo 16 años, interpreta a un a niña de 13 - se compromete con sus emociones y tiene la responsabilidad de relatar “su historia”abriendo y cerrando la obra . Mención aparte para Gipsy Bonafina, quien compone cuatro personajes – uno mejor que el otro- y demuestra, con humildad y maestría, que en el teatro no hay papeles chicos, si son interpretados por excelentes actores. La dirección de Claudio Tolcachir explora los vínculos afectivos y le otorga dinamismo a las escenas. A cargo de la escenografia, Alberto Negrín, supo aprovechar los espacios con módulos modestos pero efectivos. La celebración de la vida, frente al encuentro de almas gemelas, es un tema para saborear desde la platea e identificarse con lo más simple; la eterna necesidad de encontrar al otro.

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