De la gloria al ocaso, del desenfreno a la austeridad, de las luces de la fama -aunque efímera- a la oscuridad carcelaria... Así se pueden resumir estos cinco años desde que Leonardo Fariña irrumpió en la farándula vernácula en los albores del 2011. Y que hoy, a casi cinco años de aquella boda mediática y ostentosa que lo unió a la modelo Karina Jelinek, lo encuentra en una desesperada y solitaria lucha por la supervivencia, acorralado por un sistema que lo manipula permanentemente entre el héroe y el antihéroe.
Quienes frecuentan los veranos de Punta del Este difícilmente puedan olvidar a ese personaje espigado que con cierta irreverencia desafiaba a cualquier billetera portentosa en aquel enero del 2011. A puros dólares en efectivo, “Leo” dejaba boquiabiertos a los circunstanciales testigos que lo veían gastar y gastar, como esa tarde en La Barra cuando adquirió dos motos Ducati y pagó cash unos 50.000 dolares. ¿De donde saca esos fajos de plata?, se preguntaban muchos. Y las preguntas se multiplicaban con el correr de la temporada, coronada con una ostentosa y opípara fiesta que ofreció en Manantiales para 300 invitados, muchos de ellos traídos especialmente desde Buenos Aires en vuelos charters y de línea. Nadie entendía nada, nadie sabía quién era y de donde había salido el misterioso “Leo”, el generoso anfitrión que prometió -y cumplió- con canilla libre de champagne Crystal en esa noche puntaesteña. Una velada redonda para él, ya que esa madrugada terminó conquistando a la sensual Karina Jelinek.
Táctica, estrategia, amor o necesidad, lo cierto es que Fariña no dudo en proponerle matrimonio a Jelinek apenas comenzada la relación. Y así se formateó una de las bodas más de película que se recuerden, con gastos inconmensurables que rondaron los 350.000 dólares. Karina nunca olvidará su anillo de Tiffany’s valuado en 40.000 euros, uno de los tantos lujos con los que Fariña la conquistó. Doce mil flores blancas cubrieron el camino al altar, la novia lució un costosísimo vestido de Pablo Ramírez con cola de veinte metros, y además del dinero invertido llamaron la atención detalles como que ningún familiar de Fariña haya estado presente. Para ese entonces, según surge de sus declaraciones, el nuevo millonario acreditaba propiedades por más de 15 millones de dólares y una envidiable flota automovilística: un Audi TT, otro Audi R8, una Ferrari 430, y tres BMW de super alta gama. Un patrimonio inexplicable que generó intrigas y debates, y que dio lugar a historias disparatadas, como la que aseguraba que Fariña no era ni más ni menos que un hijo no reconocido de Néstor Kirchner.
Su andar ostentoso y de despilfarro merecieron la observación de la Justicia. Sobre todo despúes de las explosivas declaraciones, luego desdecidas, que le dio al periodista Jorge Lanata (55x) en abril de 2013. Una jugada tan osada como virulenta, y que lo pusieron en el ojo de la tormenta, hasta que en marzo de 2014 terminó en la cárcel de Ezeiza por evasión tributaria. Fueron tropiezos tras tropiezos que lo distanciaron definitivamente de Jelinek y que lo condenaron a perder la libertad. Y para dejar en claro que nada oprime a su alma desafiante, Leonardo se adhirió al Programa Nacional de Protección de Testigos para contar mucho de lo que le había contado a Lanata... Y aún más.
¿Que será de su suerte de ahora en más? Una gran pregunta que irá descubriendo sus respuestas con el devenir de las causas que involucran a lo más empinado del poder. El fin de semana dicen que la pasó muy mal, alojado en una celda de 3 x 1,5 metros del Módulo 1 de la cárcel de Ezeiza. Allí ingresó el viernes por la noche tras su maratónica declaración, y hasta el lunes no pudo bañarse, pasó hambre y estuvo prácticamente incomunicado, ya que sólo hizo un llamado telefónico.
No tuvo contactos con otros detenidos, no dispuso de televisión, radio ni de heladera, y durante esas 48 horas fue monitoreado por cámaras de seguridad. “Jamás en mi vida pasé hambre”, le dijo entre angustiado y decepcionado a los guardias. Sus quejas y la de sus abogados lograron que el lunes por la tarde lo trasladaran a una celda más amplia dentro del Hospital Penitenciario Central. Allí sigue siendo celosamente monitoreado, dado que los comprometedores datos que entregó a la Justicia ponen en peligro su integridad física.
Vapuleado por unos y elogiado por otros, Leonardo Fariña recobró el centro de la escena. Su suerte y su destino parecen pender de un hilo, aunque con él nunca se sabe. Si el misterio y lo impredecible siempre lo acompañaron, no hay motivos para que ahora lo abandonen...
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