Recibir el verano europeo siempre es motivo de celebración, porque así lo sienten, además de que lo dicta la tradición y el protocolo. Como símbolo, los Orange posaron muy sonrientes en el jardín de su casa, la finca De Horsten, en la localidad de Wassenaar, en una fotografía que esta vez inmortalizó no sólo su unidad familiar, sino que también plasmó la profunda energía que tienen para sobreponerse a las adversidades. La reina Máxima, delgada y elegantísima, venía de sufrir una caída que le provocó una conmoción cerebral de carácter leve, que ante la falta de información y detalles, en un principio generó mucha preocupación. "Todos saben la enorme energía que tiene mi esposa, pero en esta ocasión me encargaré personalmente de que guarde reposo", salió a aclarar el rey Guillermo, antes de agregar que Zorreguieta se recupera bien, aunque todavía siente algunos mareos y dolores de cabeza. Por lo tanto, observar a la monarca tan tranquila y simpática durante la sesión fotográfica, fue una forma de llevar tranquilidad.
Pero además quedó demostrado que lo que se suele decir, aquello de que “la mala racha, cuando llega, viene toda junta”, es algo que no excluye a los integrantes de las monarquías. Los reyes, como es tradición, posaron con sus hijas Alexia, Ariane y Amalia, quien sufrió un esguince de tobillo que la obligó a lucir con muletas y el pie derecho vendado. "No es más que una chica que se ha torcido el tobillo", explicó el Soberano, con la misión de descomprimir la preocupación, también por lo que padeció su hija mayor.
A pesar de la dificultad que mostró para desplazarse, la princesa Amalia estuvo tranquila durante toda la sesión e incluso colaboró pidiéndole a sus hermanas menores que sonrían más y no se muevan tanto, para facilitarle el trabajo a los fotógrafos. Las niñas, cada vez "más señoritas", le dijeron a sus padres qué ropa deseaban ponerse para la sesión, elección que fue elogiada por mamá Máxima, sobre todo la de Ariane, la más pequeña de sus hijas, que lució un conjunto de la firma española Pili Carrera.
Por otra parte, la tradicional presencia de Skipper, el labrador negro que oficia de mascota real, le sumó calidez al momento, y contribuyó a descontracturar el ambiente, tras dos caídas y lesiones que preocuparon, pero sacaron a relucir la tenacidad de la familia real para superar contratiempos.
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