Después de las primeras experiencias de Studio Vach, las ideas comenzaron a enfrentarse con la realidad. Aquello que parecía resuelto necesitaba nuevas definiciones. Aparecieron los materiales, los tiempos, los distintos rubros y los imprevistos propios de cada proceso. Cada dificultad se convirtió en una experiencia y cada reforma, en una oportunidad para crecer.

Los primeros proyectos permitieron comprender algo fundamental: intervenir una construcción existente requiere observar antes de actuar. Una reforma nunca comienza desde una hoja en blanco. Existen estructuras, instalaciones y formas de habitar que condicionan las decisiones, pero que también enriquecen el proyecto y le dan una identidad propia.
En ese proceso apareció Olleros, una obra con carácter integral. La intervención de la planta alta de una casa. Un momento bisagra para Studio Vach.
La propuesta propone la transformación de tres dormitorios y un espacio de estar. Las necesidades de quienes habitaban ese espacio cambiaron y, a su vez, los ambientes. Estos debían dejar de funcionar como sectores independientes y comenzar a adaptarse a los nuevos tiempos y dinámicas familiares.
El dormitorio principal se amplió incorporando una de las habitaciones que se encontraba en desuso para armar un sector de vestidor y espacio de maquillaje. El proyecto buscó ordenar los recorridos y delimitar los nuevos espacios. Un sistema de puertas ocultas logró separar los ambientes y definir un sector de tv-estar para el uso cotidiano de la familia.
La transformación también se construyó desde los materiales y los detalles. La madera se utilizó en revestimientos, muebles y carpinterías para generar continuidad entre los ambientes. La iluminación indirecta, las superficies claras y una paleta neutra ayudaron a crear una atmósfera cálida, simple y envolvente.
En Olleros, cada decisión fue pensada como parte de un conjunto. Desde la organización de la planta hasta la unión entre los materiales con el equipamiento circundante.
La obra presentó, además, un desafío particular: la casa permaneció habitada durante todo el proceso. Esto obligó a organizar cada etapa, adaptar los tiempos y entender que una obra no sucede separada de la vida cotidiana.
Aprendizaje y crecimiento. Un proyecto en el que el estudio comenzó a consolidar una forma propia de trabajar: diseñar cada detalle, involucrarse en todo el proceso y entender la obra como el arte esencial del proyecto.
La experiencia pasó a ser el ente rector: aprender y crecer haciendo, animándose, experimentando y entendiendo que cada obra transforma el espacio y a quienes participan de ella.
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