domingo 13 de junio de 2021
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CARAS EN MIAMI | 02-03-2016 15:53

Alicia Cervera: La reina de Brickell

La agente inmobiliaria más influyente del distrito residencial y financiero de Miami Galería de fotos

Si cada edificio de Brickell fuera un castillo, ella sería la reina sin corona. Para los que conocen Miami es sabido que el origen del desarrollo internacional de esta zona tiene nombre y apellido: Alicia Cervera, una talentosa peruana de 86 años, creadora del Cervera Real Estate y protagonista de una vida de novela.

Su padre perteneció a la familia Cabada, de Cajamarca, Perú, que fue una gran contribuyente de las campañas libertadoras de Simón Bolívar y José de San Martín. Su madre era hija de un ingeniero civil de origen Italiano y de apellido Cipriani que falleció en el Amazonas. Ambos se conocieron cuando tenían 27 y 17 años, respectivamente, y se casaron para toda la vida.

El padre de Alicia era marino de la armada peruana y diplomático. Sus diferentes destinos llevaron a su familia a vivir una vida de ensueño entre fiesta y agasajo, conociendo el mundo y frecuentando a gente de distintas nacionalidades. “Cuando mi padre fue embajador ante las Naciones Unidas tuve la suerte de vincularme con políticos, reyes, diplomáticos y familias que luego me apoyaron cuando me dediqué al Real Estate”, explica.

La madre de Alicia –también de nombre Alicia y que vivió hasta los 102 años – fue educada en su casa. “Tenía una gran intuición para el buen gusto, siempre decíamos bromeando que mi madre era una arquitecta frustrada. Trabajaba con arquitectos jóvenes y se fue metiendo en el negocio de la construcción, el diseño y la remodelación. Construía casas y las vendía. Era una mujer de avanzada, igual que mi abuela que era de las pocas mujeres en el Perú que manejaban su propio automóvil en 1915”.

Al igual que sus antecesores, Alicia estaba destinada a ser una mujer visionaria, una emprendedora. A los 23 años y mientras su padre estaba destinado en Cuba, conoció a Javier Cervera, con quien sigue casada y armó una familia que la enorgullece. ”Mi marido tenía una posición muy cómoda, era de una familia propietaria de siete ingenios azucareros. Cuando me casé fui a vivir a una hacienda de caña de azúcar. Me sentía un poco sola y retirada y acostumbrada al mundo de la diplomacia y las fiestas, completamente alejada de mi realidad. Una amiga me dijo entonces: aquí el problema no es cuando le empiezas a hablar a las cañas…sino cuando las escuchas”, recuerda.

Algo cambiaría en el destino de su vida con la irrupción de la revolución cubana y Fidel Castro. De repente los Cervera perdieron todo lo que tenían y con suerte Alicia logró llegar a Miami con sus dos hijas muy pequeñas. Sin dinero en el bolsillo, esta extraordinaria mujer echó mano de su pasado y ella también –como su madre– se inició en el negocio de las propiedades.

—¿Cómo fue que dio el gran salto en su carrera como empresaria?

—Las ventas en Bienes Raíces en Miami se hacían de una manera diferente en el pasado. El desarrollador compraba el terreno, contrataba un arquitecto, un buen constructor, pero a la hora de ir a las ventas contrataban unas chicas muy bonitas —muchas sin licencia de agente inmobiliario—, pagaban unos sueldos impresionantes y entonces me di cuenta que esta plataforma no iba a funcionar para el crecimiento que Miami necesitaba. Entonces supe que el dueño del Empire State de Nueva York, Harry Helmsley, había comprado un terreno en Brickell que casualmente yo conocía. A nadie se le había ocurrido hacer una plataforma para los desarrolladores. En ese momento, le escribí sencillamente mi idea y se la mandé.

—¿Cuál fue su idea?

—Quería organizar un equipo de ventas que fuera capaz de ofrecer los grandes proyectos en todas partes del mundo. Armar un equipo que fuera capaz de vender el edificio completo. En ese momento tenía un equipo de 6 personas. Para comenzar decidí asociarme con una americana. Yo tenía la elegancia del acento y ella la del “no” acento y nos fue muy bien. Mi idea fue contratar personas de carrera, formarlos e instruirlos en un seminario de ventas y trabajar para vender más allá de las fronteras locales. En pocos años éramos 400 y teníamos cerca de 100 edificios que vendíamos de manera exclusiva.

—¿Cuál sería la receta de un buen vendedor?

—La receta es hacer preguntas adecuadas y saber oír las respuestas. No lo que tú quieres oír sino lo que la gente está diciendo. A mí desde chica me gustó vender, vender para hacer un favor, para solucionar un problema, no para fastidiar.

—¿Cómo es su rutina hoy en día?

—Voy a la oficina todos los días pero ahora no salgo de casa antes de las 9:30 y, por lo general, a las 18:00 ya emprendo el regreso a mi casa de Coral Gables.

La casa de Alicia y Javier Cervera es un chalet de época muy elegante en Coral Gables. Los fondos dan a la cancha de golf y el frente en diagonal al majestuoso Hotel Biltmore. Por casualidad o no, su casa está ubicada en la calle Anastasia. En la Rusia antigua hubo una joven princesa que de un día para el otro fue expulsada por los revolucionarios y perdió todo lo que tenía, se llamaba Anastasia.

“Las historias de ficción me encantan, siempre he tenido ganas de escribir pero noto que tengo una pluma muy floja”, se sincera Cervera.

—¿Sobre qué le gustaría escribir?

—Cierta vez le dije al premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, que sería bueno que alguien escribiese sobre la historia de los inmigrantes europeos en América Latina. Tengo una historia pensada sobre dos muchachos de origen italiano que algún día me gustaría poder escribir.

—¿Cómo son sus hijos?

—Verónica —la mayor, dueña de una piel impecable—, estudió Ingeniería Industrial; Alicia —alta, elegante y de sonrisa amplia— estudió Psicología Clínica y Javier —un caballero atento y generoso— se dedicó a los negocios, pero los tres trabajan en Cervera Real Estate. También hoy tengo nietos en la compañía porque son talentosos y se han ganado su lugar.

—¿Cuáles son las rutinas de esta familia tan numerosa?

—Nos reunimos para Acción de Gracias en casa de Alicia con amigos que vienen de todas partes. Para Nochebuena nos juntamos en mi casa y comemos lechón asado, arroz, frijoles y yuca: todos platos de la comida criolla. Navidad la pasamos en casa de Verónica, y ahí se sirve caviar, salmón traído de Alaska, paté y otros platos sofisticados. Verónica cocina delicioso, siempre digo que el mejor restaurante de Miami es su casa. Tiene la influencia de mi madre y de su suegra, una señora alemana que dejó un libro de recetas escrito a mano. Alicia es como yo, cuando tratamos en la cocina, no tenemos éxito. Por otro lado, con Javier los sábados o domingos a la tarde vamos a misa.

—¿Qué opinión le merece el Papa Argentino?

—Mi marido lo critica mucho, pero yo al Santo Padre no lo critico. Para llegar a ser Papa seguramente tienes que ser una persona buena y lejos de la malicia del mundo. A mí me choca mucho que a un criminal como Fidel Castro que tiene las manos manchadas con sangre el Papa le estreche la mano, pero lo perdono porque pienso que al darle la mano, el Papa piensa que está salvando a este hombre, lo está elevando, no lo convalida ni acepta, pero que está llamado a salvar todas las almas.

—¿Los cubanos no lo ven así?

—Bueno, los cubanos no sé… pero al menos al que me toca a mí en mi casa no le gusta nada. Pero tenemos un pacto, ni él lo critica ni yo le hablo del Papa.

—¿Se siente mitad peruana y mitad cubana?

—No, me siento 100% Peruana, y en todo caso mitad peruana y mitad norteamericana. Mis hijas son cubanas y, a pesar de que llegaron a este país muy chicas, ellas sí se sienten muy cubanas.

—¿De dónde son sus amigas de Miami?

—Bueno…argentinas. Los peruanos y los argentinos son los que mejor nos llevamos de Latinoamérica. Desde que San Martín liberó Perú la corriente de afecto es mutua. Los argentinos tienen un orgullo por su raza. Me siento muy próxima incluso en la forma de comer, a mí me encanta la ensalada rusa (risas)

—¿Conoce al Presidente Mauricio Macri?

—Sí, por primera vez tuve el placer de conocer al que hoy es el Presidente Macri cuando estuvo alojado aquí en el Biltmore hotel. En esa oportunidad nos presentaron y la que iba a ser una charla de 15 minutos terminó siendo un encuentro de más de dos horas en el que se mostró muy interesado en saber más de la situación de los cubanos en el exilio. Conversó con Javier, mi esposo, muy animadamente. Para nuestra sorpresa a las dos semanas recibimos una caja de vinos Malbec con una tarjeta muy afectuosa del Ingeniero Macri. Fue un detalle muy interesante. Luego volvimos a coincidir en el Hotel Alvear de Buenos Aires: Mi esposo y yo conversábamos con Jorge Pérez —CEO y Chairman de Related Group—, en el lobby, y de pronto vimos cómo un hombre cruzaba de arriba a abajo el lobby para ir a nuestro encuentro. Era Mauricio. Cuando fue elegido Presidente, Javier le envió un mensaje de felicitaciones. Es un hombre que quiere mucho a su país, es un empresario que puede llevar a la Argentina adelante, no hay ninguna razón para que Argentina tenga problemas con la pobreza…ninguna.

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