El embarazo y el posparto son una transformación profunda — biológica, psíquica, vincular e identitaria — que ninguna mujer atraviesa de la misma manera. Desde la psicología perinatal los comprendemos como una crisis vital: un momento de ruptura del equilibrio previo que convoca a reorganizarse. Esa reorganización puede dar lugar a una adaptación favorable, o convertirse en disrupción cuando los recursos disponibles no alcanzan para sostener todo lo que está en movimiento al mismo tiempo.
Lo que le ocurre a una mujer embarazada no se explica solo desde su mundo interno — intervienen su pareja, su familia, el sistema de salud y la cultura que define qué significa ser madre hoy. El trauma no elaborado, la soledad, la violencia obstétrica o la falta de sostén real son factores que se potencian entre sí y que ninguna mirada clínica seria puede ignorar.

La ciencia también nos muestra que el estrés materno sostenido tiene impacto directo en el desarrollo del bebé — incluso antes del nacimiento. No como una razón para sentir culpa, sino como argumento urgente a favor del acompañamiento temprano.
Cierto nivel de ansiedad ante estos cambios es esperable y forma parte de una respuesta normal. El problema ocurre cuando esa angustia se sostiene en el tiempo y empieza a interferir en el día a día y en la conexión con el bebé. Las señales que no deberían minimizarse: hipervigilancia constante, insomnio que no cede, tristeza profunda que dura semanas, pérdida de apetito, dificultad para conectar emocionalmente con el bebé, ausencia o disminución de la leche — que muchas veces tiene un componente emocional que el sistema de salud no siempre contempla.
Una madre que no está siendo sostenida difícilmente puede sostener. No porque le falte amor — sino porque cuidar a alguien requiere que alguien te cuide primero.

Decirle a una madre que "tiene que estar tranquila" no alcanza. A veces no se puede. Y reconocerlo — sin minimizar las señales, sin reducir todo a una explicación hormonal — es el primer acto real de cuidado.
Cuando la angustia persiste, cuando las señales están ahí y no ceden, consultar con un profesional especializado en salud mental perinatal no es un lujo ni una exageración. Es parte del cuidado que esa mamá, ese bebé y toda la familia merecen.
Lic. María José Negretti— Psicóloga clínica con formación perinatal - MP 46935 - Instagram: psico.mariajosenegretti
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