martes 02 de junio del 2026

Autismo en la primera infancia: cómo empieza el acompañamiento también importa

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Autismo en la primera infancia: cómo empieza el acompañamiento también importa
Autismo en la primera infancia: cómo empieza el acompañamiento también importa | CONTENTLIKE
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“¿Y ahora qué hacemos?”
Hay familias que llegan a la primera entrevista con esa pregunta sostenida en la garganta mucho antes de sentarse frente a un terapeuta.
Algunas vienen de recibir un diagnóstico de autismo reciente. Otras llegan después de meses de dudas, búsquedas en internet, opiniones cruzadas e indicaciones cargadas de urgencia. Muchas aparecen emocionalmente desbordadas, intentando sostener una calma que ya no les alcanza.
Miedo al futuro.
Miedo a equivocarse.
Miedo a no saber cómo acompañar a su hijo.
Y, en medio de todo eso, algo empieza a instalarse silenciosamente: la sensación de que hay que hacer todo rápido.
Estimular rápido.

Empezar cuanto antes.
No perder tiempo.
Pero cada vez estoy más convencida de algo: la primera entrevista, ese primer encuentro, no empieza cuando hablamos del niño.
Empieza cuando logramos comprender en qué momento emocional está llegando esa
familia.
Claro que necesitamos indagar el desarrollo. Comprender cómo ese niño pequeño se comunica, juega, participa, regula su cuerpo, expresa necesidades o responde al entorno.
Pero no todas las familias llegan listas para hacer.
Algunas necesitan, primero, sentirse alojadas.
Porque acompañar no es solamente indicar estrategias, hablar de objetivos o pensar apoyos terapéuticos. Acompañar también es construir sintonía. Y la sintonía es algo más
profundo que la empatía.

Autismo en la primera infancia: cómo empieza el acompañamiento también importa
Hay madres que llegan sintiendo que todo lo que escuchan son listas de cosas que su hijo todavía no hace. Hay padres intentando mostrarse fuertes mientras, por dentro, están llenos de incertidumbre. Y también hay niños entrando a consultorios donde rápidamente perciben si van a ser mirados desde la exigencia… o desde la posibilidad.
La urgencia no siempre acelera los procesos; a veces, solo aumenta la angustia.

La evidencia científica es clara en algo: el acompañamiento temprano puede modificar profundamente la trayectoria del desarrollo de un niño.
Pero acompañar temprano también requiere pausa, sensibilidad y dirección.
Los procesos no se apuran. Los procesos se acompañan.
Al ritmo de ese niño.
Al ritmo de esa familia.
Porque el desarrollo no ocurre bajo presión.
Y eso no significa alejarnos de la evidencia. Significa humanizarla. Porque incluso el acompañamiento terapéutico más actualizado pierde profundidad cuando dejamos afuera el estado emocional de quienes sostienen ese proceso todos los días en la vida cotidiana.
A veces olvidamos que la primera entrevista no es un momento aislado. Muchas veces se convierte en la base sobre la que esa familia va a construir todo lo demás: la confianza en los profesionales, la manera de mirar a su hijo y el vínculo con los apoyos terapéuticos que vendrán después.
Las familias valoran profesionales formados y actualizados. Pero muchas veces, lo que más recuerdan de esa primera entrevista no es exactamente lo que dijimos.
Lo que recuerdan es cómo se sintieron estando ahí.
Si sintieron juicio o alivio.
Si sintieron presión o calma.
Si sintieron que alguien veía solamente un diagnóstico… o realmente veía a su hijo.
Porque hay primeras entrevistas que solo organizan información clínica.
Y hay otras que empiezan a construir confianza, comprensión y una forma más humana de transitar lo que viene.
Ahí empieza el acompañamiento.
Brenda Gargaglione Rivetti
Lic. en Psicología MN 2947
Especialista en autismo y desarrollo infantil
Instagram: @lic.brendagr

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