martes 02 de junio del 2026

Cuando la maternidad también implica elegir: culpa, deseo y decisiones después del parto

Por Vicky Polleri, psicóloga perinatal y puericultora, creadora de Prana Crianza Galería de fotosGalería de fotos

Cuando la maternidad también implica elegir: culpa, deseo y decisiones después del parto
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En los últimos años se viene hablando sobre la importancia de la lactancia. Pero en medio de tanta información, a veces queda poco espacio para hablar de algo igual de importante: el deseo, los límites y las decisiones de cada mujer.

No todas las mujeres desean amamantar. Algunas no se sienten cómodas, otras sienten rechazo, dolor, angustia o simplemente no se encuentran en esa experiencia. Y aunque los motivos pueden ser muy distintos, muchas veces lo que aparece alrededor es lo mismo: CULPA.

La maternidad está atravesada por una enorme carga mental y emocional. Y entre mandatos, opiniones externas y autoexigencia, muchas mujeres sienten que cualquier decisión que se aleje de lo “esperado” necesita ser justificada.

—¿Por qué sigue siendo tan difícil hablar de la decisión de no amamantar?

Porque todavía existe una idea muy instalada de que una “buena madre” debería querer hacerlo. Entonces, cuando una mujer no desea amamantar —o decide no continuar— aparece el juicio externo, pero también el interno. Como si maternar tuviera una única forma correcta.

—¿No desear amamantar puede ser una decisión válida?

Sí, absolutamente. Y validar esa decisión no significa ir en contra de la lactancia. Significa entender que detrás de cada maternidad hay una historia, un cuerpo y una experiencia singular. Hay mujeres que viven la lactancia con disfrute y conexión profunda, y otras que no. Ambas merecen acompañamiento y respeto.

—¿Qué emociones suelen aparecer alrededor de esta decisión?

Muchísima culpa. Porque el peso social es muy fuerte. Muchas mujeres sienten que están fallando, que van a ser juzgadas o que tienen que dar explicaciones constantemente. Y cuando una decisión se vive desde la culpa, el desgaste emocional aumenta muchísimo.

—¿Por qué la maternidad está tan atravesada por la autoexigencia?

Porque culturalmente se sigue esperando que las madres puedan con todo: estar disponibles, felices, presentes, informadas y agradecidas todo el tiempo. Pero la realidad es que criar implica cansancio, ambivalencia y límites. Y reconocer eso no vuelve a nadie menos madre.

—En consulta aparecen muchas mujeres agotadas…

Sí, muchísimo. Mujeres que sostienen todo mientras sienten que no pueden registrar siquiera cómo están ellas. El cansancio físico y mental en la maternidad temprana es enorme. Por eso es tan importante empezar a hablar de autocuidado real, no como lujo, sino como necesidad.

—¿Por qué cuesta tanto pedir ayuda?

Porque muchas veces pedir ayuda se vive como debilidad o incapacidad. Pero criar en soledad nunca fue natural. Necesitar sostén emocional, descanso o espacio propio no es egoísmo. Es parte de cuidar la salud mental materna.

—¿Qué lugar ocupa el cuerpo en todas estas decisiones?

Un lugar central. El cuerpo después del parto queda extremadamente expuesto: al cansancio, al contacto constante, a la demanda, a la mirada externa. Y cada mujer tiene derecho a preguntarse cómo quiere habitar ese cuerpo en esta etapa. Poder elegir también es parte del cuidado.

—¿Qué le dirías a una mujer que siente culpa por alguna decisión que tomó en su maternidad?

Que las maternidades reales no son perfectas ni lineales. Y que una decisión tomada desde la conciencia, el cuidado y el registro personal nunca debería ser motivo de vergüenza. Las mujeres no necesitan más exigencia: necesitan más escucha.

Los primeros tiempos del puerperio suelen ser tiempos donde coexisten emociones ambivalentes. Puede ser un momento profundamente amoroso, pero también agotadora. Hablar honestamente de eso no debilita el vínculo con los hijos: lo humaniza.

Porque una madre que puede escucharse a sí misma también tiene más herramientas para cuidar desde un lugar más genuino y posible.

Acompañar la maternidad también implica abrir espacio a decisiones distintas, sin culpa ni juicios.

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