En la actualidad vivimos en la era de las personas exitosas, ya sean conocidas en el mundo digital como también aquellos profesionales que se encuentran permanentemente conectados, respondiendo mensajes o correos constantemente. La sociedad actual aplaude e impulsa la “hiperproductividad”, pero desde la psicología empezamos a encender las alarmas, ya que mucho de lo que llamamos "éxito" no es más que un Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) perfectamente camuflado y funcional.
La persona ansiosa de alto rendimiento corre hacia metas invisibles. A diferencia del perfil clásico de la ansiedad que paraliza, aquí la ansiedad impulsa. Esto se debe a que el miedo al fracaso, al rechazo o a no ser "suficiente" se transforma en combustible de trabajo.
Esto conlleva una trampa: como este comportamiento genera ascensos, dinero y validación externa, el cerebro lo asimila como una conducta correcta, generadora de dopamina constante. El sufrimiento interno se normaliza a cambio del elogio y la validación social.
Este cuadro de ansiedad se debe a la "infotoxicación”, es decir, este fenómeno se sostiene gracias a la adicción a las notificaciones y a la cultura de la respuesta inmediata. El flujo constante de información —correos, mensajes, notificaciones y likes— mantiene al sistema nervioso en un estado de alerta roja perpetuo. De esta manera, el cerebro confunde la vibración del teléfono con una amenaza real. Aquí no hay descanso posible cuando el peligro —la conexión constante— vive en el bolsillo.
Ahora bien, se pueden preguntar: ¿cuál es la clave para hackear la alta productividad y dar un giro psicológico a este trastorno camuflado de ansiedad?
Para bajar las revoluciones sin perder el rumbo profesional, desde la psicología les sugiero realizar un ayuno de dopamina digital, es decir, apagar las pantallas dos horas antes de dormir. También poner límites radicales: es importante agendar el descanso con la misma seriedad y rigor que una reunión de negocios. Y, por último —aunque probablemente sea lo más importante— separar el ser del hacer. Es fundamental entender que tu valor humano no equivale a tu lista de tareas pendientes.
De esta manera, les propongo dar un giro psicológico radical, debido a que el colapso es el resultado de un sistema social patologizante. Hemos normalizado vivir al límite de nuestras capacidades biológicas, perdiendo de vista que el verdadero éxito actual no es producir más, sino regular el propio sistema nervioso en un mundo que exige exactamente lo contrario.
El verdadero éxito es tener tiempo para disfrutar las cosas simples de la vida, esas que no se encuentran detrás de una pantalla.
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