sábado 11 de julio del 2026

Lo que nuestros hijos despiertan en nosotros

Muchas veces creemos que criar consiste en enseñar o acompañar el crecimiento de nuestros hijos. Pero, en el camino, ellos también despiertan emociones, recuerdos e historias que creíamos olvidadas. Comprender ese movimiento interno puede transformar la manera en que nos vinculamos con ellos… y con nosotros mismos. Galería de fotosGalería de fotos

Lo que nuestros hijos despiertan en nosotros
Lo que nuestros hijos despiertan en nosotros | CONTENT CARAS LIKE
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“No quiero hacer con mi hijo lo que hicieron conmigo”. Es una de las frases que más escucho en el consultorio. A veces llega entre lágrimas. Otras, después de un grito, de una discusión o de ese instante en que una madre o un padre se descubre reaccionando exactamente como había prometido no hacerlo.

Muchos adultos buscan respuestas sobre sus hijos: cómo poner límites sin lastimar, cómo acompañar un berrinche, cómo atravesar la adolescencia sin perder el vínculo. Pero, con frecuencia, el camino nos lleva a otro lugar: descubrir que criar también nos encuentra con nuestra propia historia.

Lo que nuestros hijos despiertan en nosotros

Hay escenas cotidianas que despiertan algo antiguo. A veces un portazo de un hijo adolescente, el berrinche en el supermercado, la demanda constante o un “no” repetido una y otra vez para que aparezca una reacción que ni nosotros comprendemos:  enojo, impotencia, miedo, agotamiento o una profunda sensación de no estar haciéndolo bien.

Desde la teoría del apego sabemos que no heredamos únicamente rasgos físicos. También aprendemos maneras de calmarnos, de pedir ayuda, de expresar afecto y de responder al dolor. No porque estemos condenados a repetirlas, sino porque solemos recurrir, casi sin darnos cuenta, a aquello que alguna vez conocimos.

Lo que nuestros hijos despiertan en nosotros

La buena noticia es que esa historia no está escrita para siempre. La transmisión entre generaciones puede transformarse cuando nos animamos a mirar nuestras propias experiencias con curiosidad y compasión, en lugar de hacerlo desde la culpa.

Criar sin repetir no significa criar perfecto. Significa detenerse un instante y preguntarse: ¿qué me está pasando ahora?, ¿qué parte de mi historia se activó en este momento?, ¿qué necesito aprender diferente?

Muchas veces, el trabajo más profundo de la crianza sucede en esos momentos de silencio en los que empezamos a encontrarnos con partes de nosotros que habían quedado esperando ser escuchadas.

Lo que nuestros hijos despiertan en nosotros

Los hijos no necesitan adultos perfectos. Necesitan adultos capaces de preguntarse por qué hacen lo que hacen. Porque ahí, en esa pregunta, muchas veces empieza una historia distinta.

 

MARISOL BAKOTA | Lic. en Psicología. Mat N° 6594
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