viernes 25 de septiembre del 2026

Lo tengo todo y no soy feliz

Cuando una persona se detiene al margen de los horarios, del reconocimiento y el prestigio, de los viajes, del estar “a mil” —como se suele decir— y aun así continúa sumando compromisos, responsabilidades y exigencias a las que no puede ponerles límite, incluso eventos sociales y encuentros, algo empieza a volverse evidente: esa persona está atrapada en la mirada del otro.

Lo tengo todo y no soy feliz
Lo tengo todo y no soy feliz | CONTENT CARAS LIKE
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Mientras la rueda gira en torno a sus logros, cree tenerlo todo. Pero un día algo sucede: se pierde un contrato, aparece un conflicto inesperado, una pérdida. Y con eso llegan la tristeza profunda, el llanto, una sensación de vacío que no se puede llenar desde afuera. Porque desde adentro algo no está bien. Hay una incongruencia entre lo que se muestra y lo que se siente. Entonces aparece una pregunta inquietante: si supuestamente lo tenía todo, ¿por qué no era feliz?

Lo tengo todo y no soy feliz

Tal vez porque “tenerlo todo” era una fantasía que se alimentaba, paradójicamente, con más actividades, más movimiento, más ruido. Una forma de no detenerse a sentir. No se trata de un síntoma a curar, sino de una experiencia profundamente humana: descubrir que el éxito no garantiza sentido.

Hay maneras saludables de habitar ese malestar. El arte, por ejemplo, permite reconectar con las propias capacidades creativas, con aquello que no se mide en resultados. El cuerpo también es una vía: aprender un baile, sentir el ritmo, la música, el

contacto con el otro, la seducción implícita de una danza,

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o simplemente sostener una actividad física que devuelva la sensación de estar vivo, transpirado, cansado.

Para quienes tienen una inclinación espiritual, la meditación puede ser una herramienta: volver una y otra vez al presente, a la respiración, al aquí y ahora. Cada credo, a su modo, propone formas de esa conexión.

Lo esencial es aprender a convivir con la falta sin intentar taparla. Transformarla en un reencuentro con uno mismo, en este cuerpo, en este espacio, en este tiempo. Porque si uno se queda en el pasado, aparece la angustia, enojo, nostalgia, culpa; si se proyecta demasiado al futuro, la ansiedad. Cuando no hay lucha interna, hay aceptación: “esto es así”. Y desde ahí, recién entonces, se puede pensar cómo cambiar.

La felicidad, si existe, no es la ausencia de problemas. Es la capacidad de atravesarlos sin perderse a uno mismo. Sin hundirse. Sin destruirse.

 

Licenciada Adriana Balduzzi

Instagram: @lic.adrianabalduzzi

Correo: [email protected]

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