¿Por qué se volvió tan común eliminar el gluten sin tener celiaquía?
Existe una idea instalada, alimentada en gran parte por las redes sociales, de que "sin gluten" equivale a "más saludable", pero la evidencia no lo sostiene. El gluten es una proteína presente en el trigo, la avena, la cebada y el centeno, y solo representa un problema real para quienes tienen celiaquía, alergia al trigo o sensibilidad al gluten no celíaca, siempre diagnosticadas por un profesional. Se estima que hasta un 10% de la población se autopercibe sensible al gluten, el doble de quienes tienen diagnóstico confirmado. Muchas veces la mejoría al sacarlo no se debe al gluten, sino a la reducción simultanea de los foodmap presentes en esos cereales y a disminur el consumo de alimentos ultraprocesados prefiriendo comidas caseras.
En tu consultorio, ¿qué consecuencias ves en pacientes que restringen gluten sin necesidad?
Es algo que veo con frecuencia: pacientes que llegan con dispepsia, distensión o dolor abdominal y, como primera medida, deciden sacar el gluten por su cuenta. Al eliminar los cereales terminan restringiendo los hidratos de carbono en general y quedan con dietas muy hiperproteicas. Eso no resuelve el síntoma de fondo —que muchas veces responde a otra causa, no al gluten— y puede derivar en pérdida de peso no buscada, difícil de recuperar si se sostiene en el tiempo.

¿Los productos "sin TACC" son más saludables que sus versiones tradicionales?
No, y es uno de los mitos que más me consultan. Los productos sin TACC suelen tener menos fibra, hierro, folato y otros micronutrientes que sus equivalentes tradicionales, además de más grasas y azúcares para compensar la textura que aporta el gluten. Suelen ser más ultraprocesados y considerablemente más caros. Sin una indicación médica de por medio, no aportan ninguna ventaja nutricional; al contrario, pueden generar déficits si reemplazan de forma sistemática a los cereales integrales.
¿Cuándo sí está indicado eliminar el gluten de la dieta?
Únicamente frente a un diagnóstico confirmado —celiaquía, alergia al trigo o sensibilidad al gluten no celíaca— evaluado por un profesional con los estudios correspondientes. Ese diagnóstico es, de hecho, de exclusión: primero deben descartarse la celiaquía y la alergia al trigo, y recién después evaluarse la respuesta a un desafío controlado con gluten. Autodiagnosticarse y comenzar una dieta restrictiva sin ese respaldo puede generar déficits nutricionales y otros desequilibrios en la alimentación.
¿Qué le recomendás a alguien que sospecha que el gluten le hace mal?
Que consulte con un profesional antes de eliminar cualquier grupo de alimentos por su cuenta. Un buen diagnóstico permite saber si el gluten es realmente el problema o si los síntomas responden a otra causa. Autoindicarse una dieta restrictiva sin ese paso previo casi nunca soluciona el síntoma, y sí puede complicar el estado nutricional.
María Eugenia Castro
Licenciada en Nutrición, UBA — Matrícula Nacional 1969
Instagram: @eugeniacastro.nutricion
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