Valeria Mazza y Alejandro Gravier eligieron en Madrid un departamento donde la elegancia clásica convive con una fuerte presencia del arte, en un equilibrio que define el carácter de cada ambiente. Molduras, piezas decorativas y obras de distintos lenguajes construyen una escena cuidada, donde el diseño no aparece como un gesto aislado. Cada espacio parece pensado para dialogar con la imagen, con una estética que combina referencias históricas con guiños contemporáneos.
Valeria Mazza y Alejandro Gravier: una casa atravesada por el arte
Fue durante su estadía en la ciudad a fines del año pasado, cuando Valeria Mazza se encontraba trabajando en la conducción de un programa en España, que la pareja se instaló allí. No se trata de su casa permanente, sino del lugar que eligieron para vivir mientras desarrollaban su actividad en Madrid, un contexto que permite leer el departamento también como una extensión de ese momento profesional. Fue la propia modelo quien dejó ver parte de este espacio en un recorrido que compartió para el canal de YouTube de Agustín Creevy, donde mostró distintos ambientes y escenas de su vida cotidiana en la capital española. Incluso, durante la visita, se la ve tomando mate y convidándole al ex jugador de rugby.
Sobre esa estructura más tradicional aparece una capa contemporánea que actualiza el conjunto: en uno de los ambientes principales, dos bibliotecas empotradas y dispuestas en simetría organizan la pared y aportan equilibrio visual, además de sumar profundidad a través de los objetos y libros que contienen. En ese mismo sector, un sillón de terciopelo verde introduce un contraste claro dentro de la paleta neutra y se convierte en uno de los puntos más cálidos del espacio.
Valeria Mazza y Alejandro Gravier: detalles que refuerzan el estilo
La iluminación, discreta y bien integrada, no solo ordena el espacio sino que también ayuda a dar protagonismo a las obras colgadas, destacándolas sin generar competencia entre sí. Si hay algo que define el carácter del departamento es la presencia de piezas de gran tamaño que se llevan gran parte de la atención. Hay obras con impronta gráfica, otras más figurativas y algunas con un tono más lúdico, que aparecen en distintos puntos del recorrido y construyen una identidad visual marcada. Entre ellas, se destaca una que remite a una reinterpretación contemporánea de Las Meninas de Diego Velázquez. A través de formas geométricas, capas superpuestas y una paleta neutra con acentos dorados, la pieza evoca la figura de la infanta sin reproducirla de manera literal.
En la misma línea aparece otra ilustración que retoma el lenguaje del pop art desde una clave actual. La figura femenina se construye a partir de tramas de puntos y tipografías que remiten al universo editorial, en una composición que mezcla imagen y texto como si fuera una tapa de revista ampliada. Ese cruce entre arte y cultura mediática funciona como un guiño directo al mundo de la moda. En el recibidor, dos obras refuerzan ese juego de contrastes. Por un lado, una pieza de estética oriental, con una figura femenina en kimono rodeada de abanicos y mariposas, suma color y una dimensión más narrativa. Del otro, un panda de impronta pop introduce un tono más lúdico y descontracturado, con guiños al street art.
Entre los elementos que más peso tienen aparecen las puertas de madera con trabajo artesanal y los herrajes que acompañan los accesos entre ambientes. En particular, la puerta de acceso, en madera maciza con relieves geométricos y detalles tallados, remite a la tradición española con guiños mudéjares, un estilo que combina influencias islámicas y cristianas, muy presente en la península ibérica y reconocible por sus patrones geométricos y ornamentación detallada, aportando un marco arquitectónico fuerte que contrasta con las obras contemporáneas del interior.
Ese cruce entre lo clásico y lo actual es, en definitiva, lo que le da identidad al espacio. La arquitectura ordena y sostiene, mientras que el arte y los objetos aportan carácter. El resultado es un departamento con una impronta clara, donde Valeria Mazza y Alejandro Gravier encontraron un lugar que, aunque temporal, refleja una manera muy definida de entender el diseño y la vida cotidiana.
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