Athina Onassis es una de las mujeres más poderosas y ricas del mundo. La aristócrata es la nieta del célebre armador griego Aristóteles Onassis y decidió llevar a cabo una vida en absoluto hermetismo y con un muy bajo perfil. Asimismo, lejos de tener una vida de ensueño tras ser la heredera de un verdadero imperio naviero, su historia personal estuvo atravesada por duras tragedias familiares dignas de un guion de película.
Athina Onassis, del peso de su apellido a la reserva absoluta
Athina Helene Roussel Onassis nació en Neuilly-sur-Seine, una ciudad situada en París, Francia, en 1985. Es hija de Christina Onassis y del empresario francés Thierry Roussel. No obstante, desde muy niña sufrió pérdidas familiares que la marcaron a fuego. Con apenas tres años de edad, sufrió la muerte repentina de su madre, un fallecimiento que se sumó al suicidio de su abuela Tina Livanos y a la muerte de su tío Alejandro Onassis, de 24 años, en un accidente de aéreo.
Según los informes oficiales, su mamá tuvo un paro cardiorrespiratorio en la bañadera a causa de un edema pulmonar. Este deceso marcó un punto de inflexión a su linaje familiar debido a que, tras la seguidilla de muertes en su clan, la opinión pública llegó a esbozar una presunta “maldición”. De esta manera, la nieta de Aristóteles Onassis se transformó en la única heredera de la fortuna familiar, aunque no pudo disfrutar plenamente de ella por ser menor de edad.
Tras quedar huérfana de madre, fue su padre quien se hizo cargo de su crianza, aunque con una restricción económica bien marcada. Según trascendió, su herencia quedó en manos del consejo de administradores, evitando que Roussel le administre libremente el dinero.
Al alcanzar la mayoría de edad, Athina dispuso de gran parte de su fortuna, la cual en la actualidad se estima que está valuada en 2.700.000 millones de euros. Sin embargo, nunca pudo tomar completo dominio del capital total debido a que el patriarca de la familia, Aristóteles, creó una institución benéfica denominada Onassis Foundation, cuyo objetivo estuvo pensado en preservar el patrimonio cultural y social del apellido en beneficio del pueblo griego.
Se especulaba que, al cumplir los 21 años, la millonaria heredera iba a asumir la presidencia de esta fundación, pero el consejo directivo le impidió el acceso alegando razones estrictamente culturales e identitarias de la nación. Los magistrados modificaron el estatuto vigente y sostuvieron que no tenía vínculo directo con Gracia, con la cultura del país e incluso poco conocimiento del idioma. Asimismo, lejos de mantener una estricta formación académica, Athina forjó una carrera vinculada a la equitación, motivo por el cual se separó aún más de los anhelos de su abuelo y del pueblo griego.
Pese a los intentos legales que realizó por preservar esta parte de su herencia, la joven no pudo gestionar esta institución, motivo por el cual decidió alejarse definitivamente de su suelo natal. Por tal razón, pese a este golpe emocional, optó por desprenderse del entramado empresarial y filantrópico de su familia.
La vida de Athina Onassis lejos del apellido de su familia
Desde que desistió de la idea de administrar y liderar la fundación creada por el afamado armador, Athina Onassis se volcó de lleno a su gran pasión: los caballos. Así, la aristócrata desempeñó una especialización en la equitación, actividad que la llevó a ser parte de grandes torneos.
Enfocada al cien por ciento en sus intereses por el mundo ecuestre de alta competición, pudo ganarse el respeto dentro del sector por su constancia y disciplina; consolidando así una imagen propia, sin el peso lógico de portar un apellido tan importante a nivel mundial. Su figura y su talento la llevó a competir en importantes torneos internacionales con la posibilidad de representar a Grecia. Pero ella lo rechazó reafirmando su rechazo a su nacionalidad.
En paralelo, tras posicionarse en el universo de la equitación, fundó un concurso hípico que rápidamente se convirtió en uno de los eventos más importantes del calendario internacional: Athina Onassis Horse Show. Así, consolidó no sólo su pasión por los caballos, sino su poder empresarial como líderes de proyectos que fueron en busca de generar su propia identidad. Luego de varios años de estar en la competición de élite, decidió bajar su perfil público, aunque sus caballos siguen formando parte de los mismos.
Respecto a su vida personal, en 2005 se casó con el jinete brasilero Álvaro de Miranda Neto, conocido popularmente como Doda. Aunque no contó con el apoyo de su padre -quien no asistió a la boda por miedo a que este matrimonio repercutiera en su herencia-, Athina Onassis antes de llegar al altar confeccionó un acuerdo prenupcial poniendo al resguardo todos sus bienes y el patrimonio cosechado por su familia. Doda, era padre de Viviane, fruto de su relación con la modelo brasileña Cibele Dorsa. La empresaria griega asumió el rol de “segunda mamá” de Viviane compartiendo actividades familiares en común con la chica.
Pero, la tragedia volvió a salpicar a Athina. En 2011, Cibele se suicidó a causa de graves problemas emocionales y personales, tal es así que, antes de morir, dejó una carta manchando el nombre del matrimonio y culpabilizándolos de sus desgracias. Cinco años más tarde, en 2016, se divorció de Álvaro de Miranda Neto a causa de reiteradas infidelidades por parte del jinete. Este litigio conyugal se llevó a cabo en absoluta discreción, aunque se filtró la noticia a la opinión pública. Una vez más, apuntaron a este acontecimiento dentro de las “maldiciones” familiares de los Onassis. Desde el fin de su relación con Doda, no se le ha conocido ninguna pareja ni ha hecho pública su situación sentimental manteniendo firme su imagen lejos de la exposición pública.
Athina Onassis se refugia en un círculo íntimo de amistades, entre las que se destacan personalidades tales como Marta Ortega, Jennifer Gates y Georgina Bloomberg. Según trascendió, el empresario Alexis Mantheakis la definió como: “una muñeca de acero”, por su poder de resiliencia ante las duras tragedias que trazaron su vida desde que era una niña. Así, la mujer dueña de una de las fortunas más importantes a nivel mundial se mantiene alejada de la sobreexposición social, dedicada a sus caballos y con un hermetismo absoluto sobre su privacidad.
NB
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