En los pasillos del Palacio de Huis ten Bosch, el silencio suele ser el mejor guardián de los secretos de Estado. Sin embargo, hay una conexión que salta a la vista y que hoy, más que nunca, es el foco del mundo: la amistad íntima entre la Reina Máxima y su cuñada, la Princesa Mabel. Lo que arrancó como una relación de cortesía entre dos "ciudadanas comunes" que llegaron para patear el tablero de una monarquía milenaria, se terminó convirtiendo en un refugio a prueba de todo tras las tormentas que sacudieron a los Países Bajos. Aunque los rumores de una supuesta frialdad circularon por los medios europeos, un reciente y "secreto" encuentro en la Semana del Diseño Holandés en Eindhoven, donde se las vio relajadas y a pura charla, terminó por desactivar cualquier bomba de distanciamiento.
Máxima y Mabel: Dos rebeldes unidas frente al escándalo del pasado
La historia de Mabel Martine Wisse Smit no fue un camino de rosas. Al igual que Máxima, su desembarco en la familia real tuvo un precio mucho más alto del que jamás imaginó. En 2003, el Parlamento neerlandés se puso firme y le negó el permiso para casarse con el Príncipe Friso, hermano del Rey Guillermo Alejandro, por unos supuestos vínculos de juventud de la novia con Klaas Bruinsma, un pesado del narcotráfico. Pero Friso, plantado en su amor, hizo una jugada de película: renunció a sus derechos al trono para poder dar el "sí" con la mujer que amaba.
Máxima, que ya venía de surfear sus propias olas por el pasado de su papá, vio en Mabel a una compañera de batallas. Ambas entendieron, desde el minuto uno, lo que significaba ser observadas bajo la lupa del prejuicio, forjando una "alianza de forasteras" que terminó por renovar el aire rancio de la corte. Hoy, esa complicidad se traslada a las calles de Nueva York o a eventos culturales, donde Mabel no se ahorra elogios: "Estoy increíblemente orgullosa de lo que hace mi cuñada, ella me inspira", confesó hace poco, dejando claro que el apoyo es total.
La resiliencia de Máxima y Mabel tras la sombra de la tragedia
Sin embargo, el destino les reservaba una prueba de fuego aquel trágico febrero de 2012, en las laderas de las montañas de Lech en Austria. Una avalancha sepultó al Príncipe Friso, sumiéndolo en un coma irreversible del que ya no despertaría. Durante los dieciocho meses de vigilia hasta su fallecimiento en 2013, la argentina fue el sostén incondicional de su cuñada.
Lejos de los flashes, Máxima Zorreguieta no solo se convirtió en el refugio emocional de Mabel, sino que asumió la protección absoluta de la intimidad de sus sobrinas, Luana y Zaria, mientras la viuda intentaba reconstruir su mundo. Esta alianza se selló definitivamente a través de un duelo compartido que las marcó a fuego: ambas perdieron a sus hermanas de manera prematura. Mientras la Reina atravesaba el desgarrador adiós a Inés, Mabel despedía a su hermana Nicole en 2023 tras una valiente lucha contra el cáncer.
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