domingo 29 de marzo de 2020
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REALEZA | 04-03-2020 12:45

FOTOS INÉDITAS | Máxima abre la puerta de su fastuoso palacio en La Haya

Su majestad estrena nueva residencia. La remodelación costó casi 70 millones de dolares y generó polémica en la comunidad holandesa. Galería de fotos

A pesar de poseer cuatro palacios que podrían ser destinados a convertirse en su hogar definitivo, los reyes de Holanda, Máxima (48) y Guillermo I (52), prefirieron armarse de paciencia y esperar los más de cuatro años que les llevó la completa remodelación del palacio de “Huis Ten Bosch” —“La casa del Bosque”, según la traducción—. Las reformas arrancaron en 2014 pero se fueron atrasando por los continuos cambios que realizaba la propia reina, que personalmente supervisó la obra, y finalizaron en 2019, aunque recién ahora terminaron definitivamente de decorar los ciento cincuenta ambientes del palacio, incluidos el Spa, la peluquería, la piscina, las canchas de tenis, los establos y el gran lago que rodea la mansión. Y ya toda la Familia Real de Holanda está instalada en su nuevo hogar. Así los reyes y sus hijas, Amalia (16), Alexia (14) y Ariane (12), se mudaron después de dieciséis años de vivir en el mismo lugar, Villa Eikensorst, en la localidad de Wassenaar, a unos 6 kilómetros de su flamante casa, un edificio del siglo XVII. Su nuevo palacio, ubicado a 5 kilómetros del centro de la Haya, que fue construido por Federico Enrique, acatando la orden de la reina Isabel de Bohemia, en 1645, fue restaurado por completo priorizando su incalculable valor histórico debido a sus obras de arte. El costo de toda la remodelación llegó casi a los 70 millones de dólares (63 millones de euros, contra los 35 estimados en el comienzo de la obra) superando la cifra autorizada. Entre los imprevistos, debieron hacer frente al descubrimiento, por ejemplo de amianto, entre los antiguos materiales de construcción que contenían minerales dañinos para la salud. Sólo la restauración del emblemático tejado del palacio implicó 65 mil kilos de plomo; y en sus ambientes se instalaron 1300 metros cuadrados de alfombras y 22 mil metros de cables para modernizar sus antiguas instalaciones eléctricas.

   El mayor desafío de los arquitectos fue contener la humedad de las estructuras de madera, cambiar las vetustas cañerías y salvar el papel de paredes como la de la “Habitación China”, que había sido “atacado” por un insecto que vive del papel, cartón o el moho. La histórica fachada fue “aggiornada” con el llamado domo de Oranjezaal, que puede verse en la parte superior del edificio y que está diseñado con lienzos históricos, paneles y pinturas arqueadas de la Edad de Oro.

   El “Vestíbulo”, entrada principal, está dominado por una gigantesca araña  con lámparas LED que ilumina los retratos de los antepasados de la Casa Orange que cuelgan de las paredes. Todo diseñado por “Studio Drift”, que crea instalaciones y esculturas interactivas que exploran la relación entre la naturaleza, la tecnología y la raza humana. Allí, también se encuentra la escultura “Frágil Futuro” de los reyes, que está realizada con el fruto de los dientes de león, cuyos bulbos esponjosos fueron recolectados a mano y pegados, semilla por semilla. Y, entre los ambientes principales se destacan el “Salón del ADN”, conocido originalmente como “Salón Verde” por la seda que recubría las paredes. Pero fue reformado por el holandés Jacob van der Beugel, que hizo colocar en sus paredes un patrón de 60 mil piedras amarillas que muestran la secuencia del ADN de los reyes Guillermo I y Máxima. Le sigue el “Salón Azul” (“Blauwe Salon”) que fue redecorado por los diseñadores Maurice Scheltens y Liesbeth Abbenes y que alberga una especie de museo de los objetos fetiches de los miembros de la Familia Real, como el manto del rey, un par de patines de hielo, un acordeón, una naranja, un águila de la Patagonia Argentina, una bandera de las Naciones Unidas, un trono, una gorra de la Marina Real, cunas y sillitas de niños que pertenecieron a Guillermo y hasta un perro negro que fue la mascota más querida de los Orange. Los diseñadores tapizaron las paredes con un collage familiar realizado en un textil tridimensional. Más adelante se encuentra el “Despacho del Rey” que está presidido por el retrato de un antepasado pero muestra una decoración más moderna y tecnológica. A continuación está el “Despacho de Máxima”, cuya decoración combina elementos de diseño moderno, como una lámpara de techo o un cuadro sobre la chimenea con otros más tradicionales como piezas de cerámica de Delft que descansan sobre una mesa circular y en un añoso armario.

Allí se combinan murales grises con sillas tapizadas en azules. Muy cerca le sigue “La Biblioteca” en la que predomina el color azul, con paredes empapeladas con motivos tropicales en una exótica mezcla de modernidad y glamour. Una araña de diseño vanguardista ilumina la Biblioteca, donde las estanterías, butacas y alfomfras son azules, un color que se repite en otras salas. También están la “Sala China”, con chimenea de mármol, techos ornamentados con escenas clásicas del país que se vuelven a ver en las paredes, la “Sala Japonesa”, un “Comedor Blanco” y el “Salón Witte Eetzaal” para grandes comidas, por supuesto, una gran “Sala de Baile” y una “Sala Orange”, íntegramente cubierta por inmensos cuadro clásicos y un techo invalorable que pudieron recuperar de la obra original. Siempre cuidadosos de su privacidad y la de sus hijas, Máxima y Guillermo se encargaron de que el “Palacio Huis ten Bosch” ofreciera una clara diferenciación entre la zona de trabajo y la zona privada. El ala destinada a todo lo relacionado con el trabajo se utiliza para recibir a invitados de otras familias reales, autoridades holandesas o mantener diferentes reuniones, mientras que la “pate destinada a la familia” sólo está permitida a la parte más íntima de los reyes. Y para dividir ambos espacios existe un amplio hall con dos grandes esculturas. Aseguran quienes bien conocen a la familia de Máxima y Guillermo que las más entusiasmadas con esta gran mudanza son Amalia, Alexia y Ariane, ya que sus centros de estudio están ubicados muy cerca de su nuevo hogar. Y así deberán viajar menos para ir hasta su escuela y hasta podrán realizar más reuniones con algunas compañeras, ya que “Huis Ten Bosch” también tiene una sala especial —que cuenta con la más moderna tecnología— para que las “princesitas” se relajen, estudien o se diviertan.

 

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