miércoles 5 de mayo de 2021
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ACTUALIDAD | 25-10-2016 12:39

El destape de Mariela Anchipi, la mujer de Dady Brieva

"Cambié mi cuerpo porque no quería dejar de gustarle a mi marido". Galería de fotos

Después de tener a sus dos hijos y de asumir con naturalidad que su cuerpo había cambiado y que la vida tiene sus prioridades para cada etapa, Mariela Anchipi entendió que era hora de reencontrarse con las curvas de antes. De atender el llamado de aquella mujer que fue y quería volver a ser, no por mera vanidad, sino, como dice, porque satisfacer cada deseo también hace a la felicidad propia y a la del ser amado.

Y así, con la satisfacción de haberse abocado todo lo necesario a Felipe y Rosario, los niños que tuvo con su esposo, Dady Brieva, la bailarina y actual coach de Nicole Neumann en “Bailando por un Sueño” emprendió hace dos años el camino hacia una transformación física que hoy la muestra con una silueta impactante.

Las razones del “destape” tienen su origen: es que la “Chipi”, como se la conoce, está preparando su despedida como bailarina y fue en la búsqueda de una imagen cuando se animó a mostrar más. “Se me ocurrió hacer la despedida de mi carrera como bailarina a través del tango y me encantaría tenerla en una casa de tango de renombre internacional como “Señor Tango” . Estamos preparando algo. También es cierto que hoy me siento mucho más segura con mi cuerpo. Pasé por dos embarazos muy seguidos y estaba abocada a la maternidad, pero en algún punto no me encontraba. Entonces dije basta,  quiero volver a verme. Cambié mi cuerpo porque siento que retroalimenta mi sexualidad y sobre todo porque no quería dejar de gustarle a mi marido”— se sincera Mariela, quien sorprende en una producción fotográfica que muestra su cuerpo desnudo, súper tonificado, y con el pelo más corto—“Para mí es re importante gustarme y siempre lo fue para la pareja. Primero quería gustarme para luego seguir gustándole a mi marido”, enfatiza la bailarina y panelista de “Nosotros a la Mañana”, el ciclo de El Trece conducido por Fabián Doman.

—¿Gustarse es un elemento que erotiza?

—Para mí, sí. Sentirme bien y segura con mi cuerpo, también. Tal vez sucede por la conexión que tiene una bailarina con su cuerpo. De eso no puedo despegar.

—¿Y desde que lugar partió? ¿Cómo estaba antes y cómo logró el cambio?

—Fue un proceso largo. Empecé a entrenar porque después de dos embarazos no entraba en mis pantalones. No tengo idea de cuánto había subido porque yo nunca me pesaba. Es que me volví media fóbica a la balanza porque cuando iba al Colón (donde estudió danza) nos pesaban y nos medían todos los meses. Desde los ocho años a los 20 que dejé de bailar me pesaban y me medían. Entonces le tengo reticencia. Era tan flaca que me tenían que dar vitaminas durante toda mi infancia y adolescencia. Por eso creo que después de haber sido madre no me encontraba en ese cuerpo.

—¿Tampoco se pesó durante el embarazo?

—Yo tenía un ginecólogo obstetra, muy amigo de la pareja, y ni me pesaba o lo hacía pero no era algo...me decía “comé lo que quieras”. De hecho, en una etapa del embarazo de Felipe, mi primer hijo, el bebé estaba por debajo del peso y  me retó, me dijo “¿No te estarás cuidando? Por favor empezá a comer” Y yo recuerdo que me agarró tanta angustia por que mi bebé no estaba creciendo. Pasé de eso a tener un embarazo de riesgo (también tuvo presión alta durante el parto), ir a hacerme ecografías todas las semanas y hasta pedirle a la Virgen de Rosario que todo esté bien, porque por algo Felipe no crecía. Empecé a comer de todo y hasta por demás porque no me importaba nada. Mi bebé finalmente nació con tres kilos y medio, se adelantó una semana, y fue un bebé normal, con un peso súper lindo. Si engordaba o no pasó a décimo octavo lugar en el mundo. Creo que ahí engorde 18 kilos, más o menos.

—Y después llegó su hijita, Rosario.

—Al año y tres meses de Felipe ya quedé embarazada. Por otro lugar, le dí mucha importancia a la lactancia. Yo quería amamantar a mis hijos y a Felipe se lo tuve que cortar a los seis meses del embarazo de Rosario, porque seguir dándole la teta me podía generar contracciones y acelerar el parto. A Felipe le di la teta hasta los dos años y a Rosario hasta los tres y me siento con deuda. Para dar la teta empecé a comer más sano y orgánico. Hoy trato de comer todo orgánico;  desde pollo a huevos y no consumir tantos lácteos. Y hace dos años comencé a entrenar todos los días.

—¿Le pasó que después de dos hijos la intimidad de la pareja se había afectado un poco?

—No, como pareja Dady me vive demostrando su amor incondicional y de mil formas. Hasta en mi peor estado él siempre me vio hermosa y me lo hizo saber. No puedo decir nada, soy una privilegiada, una bendecida porque siento que me gané la lotería con mi marido. Es obvio que la pareja con la llegada de un bebé tiene que reorganizar tiempos y prioridades. Hay que amoldarse a esa nueva realidad y no quedarse en el pasado, en lo que fue. Nosotros somo re–colecho y el primer colechero es Dady. Una vez logré que Felipe se durmiera sólo en su cuna y lo esperé a que llegara del teatro y, cuando me vio sola, Dady me dijo “¿Y el nene dónde está? Ay pobrecito ¡cómo lo vas a dejar en la cuna!” Y lo fue a buscar. Nosotros tenemos otras habitaciones en la casa, entonces nos vamos de paseo y después volvemos a dormir todos juntos. En algún momento del día los chicos se duermen o están en el colegio, ya los dos empezaron jardín, así que nos buscamos nuestros momentos. Y si no, los generamos. Tenemos gente que nos ayuda, tíos o mamá, que los vienen a cuidar y nosotros salimos a comer o buscamos un hotel que nos guste y nos quedamos un rato y volvemos a casa. Es cuestión de organizarse.

—¿Cree que una pareja satisfecha en lo sexual evita que alguno busque afuera?

—No, creo que hoy por hoy nada te da garantía. Satisfacer a la pareja abarca mucho más que lo sexual. Con Dady tratamos de divertirnos, pasarla bien y nos gusta estar en familia, pero eso no me da a mi la garantía de que el día de mañana el otro no se enamore de otra persona. Tratamos de vivir y disfrutarlo. Yo no sé si es eterno. Tal vez lo vivimos sin garantías, por qué pedirle a la persona que uno ama garantías. Si las querés comprate un electrodoméstico. Si vos amás, tratá de vivir ese amor de la forma más sana y plena posible, el tiempo que dure.

—¿Cree que si hay amor es posible perdonar una infidelidad?

—Hay que ver todos los matices de la situación. No es una cuestión matemática. Cada situación de pareja es diferente. Es tan difícil decir qué hacer, porque la verdad es que hasta que no te toca no sabés que harías.

—En esta etapa más osada, ¿Cómo maneja los celos Dady? ¿Le resulta lindo verla tan sexy y renovada?

—La está manejando. Pero no es de las personas que se calientan viendo a su mujer expuesta en una revista. Pero si es parte de vos, me dijo, y de tu trabajo, lo entiendo. Y desde ese lugar, me banca. Hace un trabajo psicológico para asimilarlo con su psicóloga. Y me asombré cuando le mostré éstas fotos y me dijo “estás hermosa, divina, me encantó” Le súper gustaron.

—Después de tantos años en “Bailando por un Sueño”, ¿Qué balance hace y hacia donde piensa ir en lo profesional?

—Para mí fue un antes y un después en la vida de los bailarines, porque éramos como escenografía viviente. Gracias al “Bailando...” los bailarines comenzaron a ser famosos y populares y pudieron llegar a exigir un poco más al momento de negociar un contrato de trabajo. Nosotros le debemos muchísimo al programa.  Me llena de orgullo haber sido parte de eso. Y después, hacia el futuro, quiero hacer algo con el tango, voy a ir por ese lugar. Estoy, en lo de Doman, experimentando el ser panelista. Estoy aprendiendo mucho de mis compañeras, a quienes súper quiero y me dan muchas herramientas y lugar. También voy a hacer la coreografía de un musical, “Luz Cenicienta”, que es una co-producción con España y tiene música de Ángel Mahler y la dirección artística de Ariel del Mastro y Ana María Baez.

—¿Por qué eligió terminar su carrera de bailarina con el tango?

—Es un homenaje a mis abuelos, que bailaban juntos en las milongas y eran una pareja conocida como “los novios”. Dady está aprendiendo a bailar el ritmo pero no quiere bailar conmigo porque dice que no quiere retrasarme. Cuando vamos juntos a las milongas yo bailo y él sube al escenario  a cantar tangos. Dady dice que lo invitan porque es famoso, pero la verdad es que canta muy, pero muy bien, los tangos.

por Kary López

Producción: Alicia Blanco

Agradecimientos: Fotos Machado Cicala. Estilista: Mariano Caprarola. Asistente Victoria Calderoli.

Peinó El Cuba con productos Schwarzkopf Osis.

Maquilló Celeste Uria

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