En 2003, Diqui James creó Fuerza Bruta, una compañía que trascendió las fronteras del país y llegó a todas partes del mundo. A punto de estrenar una nueva temporada de su espectáculo, dio una entrevista exclusiva a CARAS y habló de la importancia de lo real contra el avance de las pantallas, la necesidad de expresarse y compartir en comunidad y la búsqueda por estar más despiertos, más optimistas y más vivos.
Diqui James, el cerebro detrás de Fuerza Bruta, conversó con CARAS
–El próximo 4 de junio va a empezar la nueva temporada de AVEN en Sala SinPiso que se extenderá hasta el 2 de agosto. Después de romper récords en Buenos Aires y de girar por países como Brasil, Perú, México, Inglaterra y Corea ¿Cuáles son tus expectativas?
Estamos probando unas cosas nuevas que me parece que van a estar buenas. El show tiene un formato bastante diferente, es bastante nuevo, aunque no quiero exagerar. Tengo esa expectativa de que los cambios han quedado muy bien, que a partir del 4 de junio cuando lo hagamos con el público, vamos a seguir cambiando las cosas seguramente porque tener todos los chiches es muy difícil; la luz, el sonido, las escenografías, para la compañía, pero también para el público. Es lo que termina de formar parte del show. Así que bueno, lo que espero es que hayamos dado un paso adelante con los cambios y con las cosas nuevas y que sea una fiesta.
–Una de las cosas más llamativas y más destacables de Fuerza Bruta, según tus propias palabras, es que todo el tiempo está en constante evolución y que los shows cambian por completo de un año al otro, por más que tenga el mismo nombre.
La verdad que nos gusta mucho cambiar las cosas y creo que es algo que nos caracteriza por ahí a nosotros, a los argentinos, a la cultura nuestra. Que yo llego a la sala y vamos a probar algo nuevo y está todo el mundo contento. Yo a veces digo, "Uh, les voy a romper a todos con esto", pero siempre hay un buen clima, son muy bienvenidos, los cambios son bienvenidos. Eso es algo que me gusta mucho de mantener en la compañía, esa frescura y esas ganas de probar cosas nuevas. Yo creo que lo que siempre mantenemos es ese ese espíritu festivo, el espíritu callejero, donde el espectáculo convoca a gente muy diferente. Eso me encanta, cuando ves a la gente disfrutando y pasándola bien y ver que son de distintos palos, distintas edades. Además, la sala está cada día más linda, le dimos una renovación importante para esta temporada.
–Teniendo en cuenta eso ¿Qué se va a encontrar la gente que vaya a verlo? Tanto los espectadores nuevos como “los viejos”
Es difícil esa pregunta, pero lo que sí es que Aven es una fiesta, es un espectáculo para disfrutar, para expresarse también, porque cada uno hace lo que quiere. Entonces puede participar o no, puede bailar, filmar o quedarse a un costado, tomar algo, comer. Mantenemos ese espíritu, eso es lo más importante, me parece. Y buscamos que el show te pase por arriba, que la energía del espectáculo pueda soportar a 1000 personas ahí, absolutamente libres y expresándose y que el show siga siendo cada vez más contundente. Ese es el desafío todo el tiempo, hacer un show indestructible.
–Más de una vez marcaste que, aunque el show es el mismo, cada país lo recibe diferente, que no es lo mismo el público en Argentina que en Japón, por ejemplo ¿Crees que eso se debe a esa libertad de acción que buscan, porque cada una de esas personas está atravesada por el contexto social que vive?
Sí, sí, totalmente, porque es una reacción colectiva. Si fuera individual, por ahí un japonés y un argentino pueden reaccionar parecido. Pero socialmente, la reacción colectiva es muy diferente. Y eso es muy interesante y hace que el show sea muy diferente en cada lugar. Más allá de que logramos un lenguaje bastante universal, donde todo el mundo se siente parte.
–¿Pensás en eso a la hora de armar un show?
Cómo vivimos el show los argentinos es muy particular. Durante todos estos años, todos los procesos creativos que funcionaron mejor, fueron los procesos creativos que hicimos acá en Buenos Aires. Afuera llevamos el show que cocinamos acá y después lo podemos ajustar, porque vemos que la reacción en un país no es la que esperábamos. Entonces, tenemos que ir más por otro lado, lo vamos ajustando. Que nosotros tengamos una sala acá, donde poder hacer el show y poder renovarlo y cambiarlo e ir mejorándolo, evolucionando y equivocándonos, también, es algo muy importante para nosotros.
–Eso es algo muy propio del teatro ¿no? Ese sentimiento de comunidad y de compartir algo en vivo que por ahí no se tiene con el cine y la televisión
Sí, eso es lo que tiene el vivo, que es único, pero me parece muy loco lo que está pasando. Fíjate que cada vez tenés más acceso virtual a cualquier cosa. Ahora te ves una serie que cada capítulo tiene la producción de una película y te la ves en el celular, en el colectivo. Si querés ver Fórmula 1 o fútbol, ves 800 cámaras, 40 ángulos. La tecnología avanzó muchísimo para que vos veas todos esos eventos de manera virtual, pero al mismo tiempo hay más gente que nunca viendo espectáculos en vivo. En el mundo, la Fórmula 1 bate récords todo el tiempo, todos los estadios de futbol están repletos, los recitales, los festivales. Es como la necesidad del humano de ir todos juntos a tener una experiencia colectiva frente a un hecho artístico. Me parece que eso sigue estando intacto. Estamos muy preocupados, obviamente, todos por la adicción al celular y lo que les pasa, sobre todo, a los pibes que nacieron con las pantallas y a nosotros también, eso de estar todo el día mirando el teléfono. Pero al mismo tiempo a mí me encanta cuando me doy cuenta de que sigue intacto ese espíritu de salir a ver algo en vivo, ver el auto de verdad, de ver el partido, estar ahí hinchando, que te escuchen los protagonistas.
–Una de las máximas del show es la belleza de lo natural ¿Crees que dar ese mensaje de la búsqueda de lo natural, de lo real, es más que importante en este contexto donde estamos cada vez más dominados por las pantallas y, en especial, por las IA?
Sí, me pasó que de adolescente me fasciné por las ciudades, por lo urbano. Caminar por el centro de Buenos Aires, perderme, meterme en los bares, en los boliches, en los edificios, las calles. Y después viajar, ir a Nueva York, a Londres, Tokio. Las ciudades, siempre me fascinaron mucho, pero esta última etapa nos pasó que empezamos, como yo, a encontrar la belleza en la naturaleza. Esa cosa de ver una tormenta en el mar y quedar fascinado o la simpleza de los pájaros, de la lluvia, del planeta. Darte cuenta del universo, empezar a encontrar la belleza de la naturaleza. Entonces empezamos a trabajar el concepto de Naturaleza artificial. Es decir, no quiero que vos creas que lo que estás viendo es una ballena, sino que sepas que es algo mecánico, que están los actores manejándolo, que están los motores, como una fábrica recontra industrial, tecnológico, pero que también veas que la belleza está en esa ballena y en su concepto o en el concepto de una mariposa, del viento, del agua. Me gusta poder transmitir que la belleza está ahí, por más urbanos que seamos. Y valorar eso, sí.
–Se trata de humanos usando la tecnología y no de una IA o la tecnología usando a los humanos.
Claro, todo lo que pasa en el show es absolutamente real. No hay nada ficticio ni usamos pantallas. Obviamente usamos mucha tecnología y hasta usamos mucha más tecnología de la que ves, pero no nos gusta mostrarla. Todo está mucho más enfocado en la parte de lo humano, en ver al actor, ver la emoción, sentir la naturaleza. A veces, un aparato gigantesco con motores y con un montón de cosas complejas las usamos solamente para que te quedes mirando la cara de una chica que te está mirando a través de un charco. Eso es lo que nos gusta, que sea todo real. Es como lo opuesto de estar mirando el celular.
–Antes mencionaste la idea de que tus shows sean también un espacio de expresión para el público. Teniendo en cuenta que vivimos en un contexto muy complicado en Argentina, a nivel económico, social y cultural ¿Lo pensás también como un contexto en el que cada uno pueda ir a sacar aquello que le pasa?
Sí, sí, completamente. Es un show recontra físico, donde vos vas con tu cuerpo y vos estás ahí físicamente. A mí las butacas me incomodan un poco. Lo que hacemos nosotros es bastante cinematográfico, en el sentido de que no lo vivís todo el tiempo desde un mismo punto de vista. ¿Qué es lo que te pasa a veces en el teatro, en un show o en un concierto, cuando te sentás en una butaca y ves todo siempre desde el mismo punto de vista? Es como que no moviste la cámara en toda la noche, ¿viste? En Fuerza Bruta podés moverte, pero al mismo tiempo el show se mueve como si tuvieras un montón de puntos de vista de las cosas y todo el tiempo también estás perdiéndote de algo. Es muy físico nuestro lenguaje y como espectador te das cuenta de que estás ahí con tu cuerpo y que el de al lado también está. Como las reacciones físicas y emocionales y eso te disparan ideas.
–¿Qué te gustaría que recuerden o qué sensación le gustaría que tengan aquellas personas que vayan al show?
Hay algo que es muy pretencioso, pero, para decirlo muy grandilocuentemente, busco que sientas que la felicidad existe, que sientas que vos podés ser feliz. Que te metas dentro de un espectáculo que es como una gran y gigantesca licuadora de emociones y es como una tormenta de emociones que vos por ahí no sabías que podías sentir. Que quiere sacarte de ese lugar en el que a veces te encerrás y sentís que nada va a cambiar, que no vas a poder cambiar nada, que vas a estar mal o que no vas a poder hacer esto o lo otro. Se busca darte una cachetada tan fuerte de optimismo, de locura, de emoción, de bestialidad, que digas, de repente, “Sí, puedo. estar mejor, puedo cambiar, puedo cambiar mi estado de ánimo, puedo ser capaz de algo”. Que te vayas con más felicidad o con la sensación de que podés ser feliz, que podés ir hacia ese lugar, sacudirte de esa manera. Que te vayas más despierto, más optimista, más vivo.
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