Con la calidez y la lucidez que la caracterizan, Ana María Picchio habló sobre su presente artístico, el vínculo con el público y la importancia de valorar la experiencia, en una entrevista para Puro Show (eltrece), donde también defendió con firmeza el legado de figuras como Mirtha Legrand. “Las nuevas generaciones se equivocan”, afirmó, y explicó por qué considera a la diva como un verdadero modelo de amor por la profesión.
Instalada en Mar del Plata con la obra El secreto, Picchio celebra que, pese a las dificultades del contexto y a una merma general en la asistencia, el público sigue acompañando. “La gente viene al teatro”, remarcó en el móvil, y destacó el clima de trabajo que se vive en el elenco, integrado por Gerardo Romano, Sari y Noya. Lejos de que su participación fuera casual, la actriz contó que fue ella quien impulsó la presencia de Romano en el proyecto: “Cuando leí la obra dije: ‘Este papel es para Romano’. Yo necesitaba sentirme segura y llevarme bien”.
La obra gira en torno a una familia que parece convivir en armonía hasta que una frase, dicha en el momento equivocado, desata un conflicto profundo. “Esas cosas que después decís: ‘¿Para qué lo dijiste?’… y ahí se pudre todo”, resumió con humor, al describir el disparador dramático que sostiene la trama y que conecta con situaciones reconocibles para cualquier espectador.
Ana María Picchio y el valor del ejemplo
Uno de los momentos más significativos de la temporada fue la visita de Mirtha Legrand al teatro. Para el elenco, llegó en un momento clave y funcionó como un impulso anímico. “Nos levantó la moral”, contó Picchio, y explicó que, desde entonces, no dudan en mencionar su presencia cuando promocionan la obra. “El día que ella vino, el público reaccionó de otra manera, hay que estar ahí para verlo”, agregó, al destacar el efecto inmediato que tuvo en la sala.
Consultada en Puro Show por ciertos comentarios irónicos de jóvenes en redes y streamings sobre figuras de gran trayectoria, la actriz fue contundente: “Se equivocan”. Y explicó su postura desde una vivencia personal: “A mí ya me cuesta levantarme temprano para venir a trabajar. Lo de ella es un ejemplo de amor: al teatro, a los compañeros, a la voluntad, a la perseverancia”. Para Picchio, el compromiso de Mirtha no solo es admirable, sino también solidario: “Ella sabe que cuando viene nos ayuda”.
Ana María Picchio, entre la vocación y el descanso
Aunque confesó que no sabe si podría dejar de trabajar por completo, también admitió que el cansancio existe y que no idealiza el esfuerzo permanente. “No prometo ser así porque soy muy fiaca”, dijo, entre risas. Sin embargo, reconoció que su identidad está profundamente ligada al oficio: “¿Cómo se hace para pertenecer a algo que uno amó toda la vida sin levantarse temprano, sin pintarse y sin tener buena onda?”, se preguntó con humor.
Lejos de generalizar, Picchio también destacó que muchos jóvenes sienten admiración genuina por las grandes figuras. Recordó que, el día de la función de Mirtha, había chicas jóvenes grabándola con entusiasmo y que incluso su nieta le pidió una foto. “Hay de todo”, concluyó, con la serenidad de quien entiende que el respeto, como el talento, no tiene edad, pero sí se cultiva.
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