Con el inicio del ciclo lectivo, el colegio al que asiste Matilda, la hija de Luciana Salazar, empezó a llamar la atención, no solo por su propuesta educativa sino también por el entorno en el que se desarrolla. Lejos de un esquema tradicional, la institución apuesta por un modelo donde el aprendizaje se construye de manera activa, con los estudiantes como protagonistas. En ese marco, la experiencia escolar no se limita a lo académico, sino que se expande hacia lo artístico, lo social y lo cultural. La diversidad también ocupa un lugar clave dentro de su identidad. Además, cuenta con un campus de gran escala, con más de 9 hectáreas y miles de metros cuadrados destinados a espacios educativos, deportivos y recreativos, donde asisten más de 600 alumnos en sus distintos niveles.
Matilda en un entorno multicultural con alumnos de 45 países
Uno de los rasgos más distintivos del colegio es su perfil internacional. Según su propuesta, conviven estudiantes de 45 nacionalidades, lo que genera un espacio de intercambio cultural constante. Este cruce de miradas no solo enriquece la vida cotidiana dentro del aula, sino que también promueve valores como la tolerancia y el respeto por la diversidad. En este contexto, el inglés tiene un rol central como lengua de uso diario, acompañado por el español. A su vez, el programa combina contenidos del sistema educativo estadounidense con estándares argentinos, logrando una formación híbrida con proyección mundial.
Otro de los ejes fuertes del colegio es la educación artística, integrada de manera transversal en toda la experiencia escolar. Las actividades vinculadas al arte no se presentan como algo accesorio, sino como una herramienta clave en el desarrollo de la creatividad y la expresión. Música, teatro y artes visuales forman parte del recorrido desde edades tempranas. Este enfoque permite que los alumnos exploren distintas formas de expresarse y construir identidad. A esto se suma una infraestructura pensada para estas disciplinas, con auditorios, salas de música y espacios preparados para la producción artística.
Una educación donde Matilda y sus compañeros son protagonistas
Más allá de lo académico, la institución pone el foco en el rol activo de los estudiantes. La propuesta pedagógica promueve la curiosidad, la investigación y el aprendizaje basado en experiencias, con clases reducidas que permiten un seguimiento más cercano. Según el sitio web del colegio, los alumnos no son meros receptores de contenido, sino que construyen conocimiento a partir de proyectos, conexiones entre materias y temas actuales. Además, más de 500 estudiantes participan en actividades extracurriculares, lo que refuerza el desarrollo de intereses más allá del aula.
En conjunto, el entorno, del que Matilda Salazar forma parte, acompaña este enfoque con instalaciones deportivas que superan los 27.000 m², con canchas, espacios al aire libre y distintas propuestas físicas. Así, se trata de un modelo educativo que busca formar personas autónomas, con pensamiento crítico y preparadas para moverse en un mundo en constante cambio.
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