jueves 5 de diciembre de 2019
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ESPECTáCULOS | 19-09-2019 18:29

El destape hot de Débora Plager a sus 49 años

La referente del periodismo político realizó una jugada producción y aseguró: "Mi órgano sexual más interesante es el cerebro". Galería de fotos

A las 8 en punto de la mañana, el despertador de Débora Plager (49) suena, implacable, aunque ella no lo necesite, y desde ese momento comienza su rutina diaria, la que finalizará a medianoche. El desayuno sano es el empujón de energía para salir directamente hasta los estudios de América donde forma parte del ciclo “Involucrados”, hasta pasado el mediodía. “Hace más de veinte años que estoy en los medios. Estudié ‘Comunicación Social’,  en la UBA, después viajé a Estados Unidos a continuar con estudios complementarios y al regreso culminé la carrera”, comienza su relato. Y, sin pausa, continúa: “Desde ese entonces no paré de trabajar. Comencé en Radio Rivadavia, que fue mi gran escuela. Después pasé a un noticiero en televisión y así fui haciéndome un lugar en los medios”.

Débora es una referente del periodismo político, lugar obtenido con esfuerzo, información constante y una vocación periodística que alimenta cada día. Sin embargo, su compromiso laboral siempre va de la mano del cuidado de su imagen. “Voy al gimnasio dos o tres veces por semana. Toda la vida lo hice y además hago algún que otro tratamiento en un centro de estética y con eso trato un poco lo que es el afuera. La imagen requiere su tiempo y eso también está vinculado a la calidad de vida y a dedicarme un tiempo para mí”, confiesa. Y luego agrega: “Hace muchos años conocí a la doctora María Rolandi de Ortiz que me fue guiando en cómo combinar la vida más saludable, la actividad física y a alimentarme mejor. Siempre fui delgada y nunca tuve registro de lo que comía, entonces ella me fue acomodando para tener una alimentación equilibrada y hago tratamientos que me permitan estar bien. Me dejé asesorar, escuché y confié. Sé combinar el aspecto físico con lo intelectual. No es banal ni superfluo querer verse bien y además en la tele es casi como un requisito. Lo hago por mí y también por imposición del medio”.

Mamá de los mellizos, Maxi y Tomás (18), está en pareja desde hace diez años con el empresario de medios José Luis Pagano, quien también tiene dos hijas y con quien formaron una familia ensamblada en la que prepondera el amor y la unión. “Los chicos son muy amigos entre ellos, tienen las mismas edades y se conocen desde chiquitos. Ahora que ya son bastante independientes, disfrutamos mucho cuando no están. Como pareja estamos unidos por la coincidencia de nuestra mirada del mundo además de la gran atracción entre nosotros. Hay consideración por la individualidad del otro y, a pesar de que hay desencuentros de horarios, ésos son respetados”, asegura.   Cuando sale de “Involucrados” tiene un rato libre para hacer trámites, concurrir al centro de estética, hacer reuniones de trabajo, nutrirse de información y, a las 5 en punto de la tarde, se estableció un encuentro implícito con los mellizos para merendar. “Es un pacto entre nosotros que se dio naturalmente y ahora la merienda no se suspende por nada. Ese momento compartido con ellos, es mágico”, dice orgullosa.

Por la noche, la periodista integra el panel de “Intratables”, también en América, y desde hace poco tiempo escribe semanalmente una columna de opinión y actualidad para un diario. “Me faltaba la palabra escrita porque nunca había hecho gráfica y ahora siento que es un sueño cumplido… Un desafío personal que estaba pendiente, de poder poner en la palabra escrita las cosas que digo y estructurar el pensamiento de otra  manera. Es un ejercicio intelectual que me encanta. Todo esto me convirtió en una auténtica workaholic”.

Plager asegura que con su marido no quisieron tener hijos. “Amo a mis’ mellis’ y la maternidad ocupa un lugar enorme en mi cabeza y en mi vida. Ellos me llenan el alma pero cuando conocí a mi marido no sentí que debíamos tener un hijo en común como corolario del amor que nos teníamos. A la edad que nos pusimos en pareja ya ambos teníamos los nuestros y queríamos disfrutar de nosotros como dos adultos y relacionarnos desde ese lugar”, revela. Y también cuenta que le gusta la cocina pero que por su jornada laboral le es absolutamente imposible preparar algo. “No tengo tiempo de cocinar a pesar de que vengo de una familia en donde se cocinaba mucho. Hace seis años que trabajo de noche y desde entonces no ceno en casa. La cocina me dejó y yo a ella”, cuenta con humor.  De familia judía, asegura respetar su religión pero vincularse desde la concepción de símbolo de pertenencia a un pueblo y que su vida interior está supeditada al trabajo, la formación intelectual y profesional, pero su interior más poderoso es la relación con sus hijos. “Estar atenta a ellos es mi conexión más real a lo espiritual, lo sensorial y lo interior. Es algo que me conecta desde un lugar diferente, de amor puro y con un lazo invisible. Eso es mi buda, mi yoga, mi respiración y mi paz absoluta”, relata.

A pesar de tener una imagen fuerte, dice que con los años aprendió a ser cálida.  “Siempre ponía distancia, tal vez por inseguridad o para no incomodar, pero aprendí con los años a relacionarme de otra manera y así lograr más intimidad con los compañeros de trabajo. Trato de tener buen vínculo y lo logro, pero tuve que trabajarlo. Siempre fui muy exigente conmigo misma y tal vez para el afuera trasladaba esa imagen que me alejaba. Estaba siempre agazapada y como en la gatera. No me permitía el relax y menos aún el chiste, pero ahora ya me concedo el tiempo para relacionarme desde otro lugar y eso nutre mucho más”, cuenta.

Se define como una típica acuariana que vuela fácil como un barrilete y a la que, si la dejaran, estaría en la playa de un país tropical tomando tragos y bailando arriba de un parlante con música alrededor y pasándola bien. Y así lo demuestran unas fotos que se viralizaron hace un tiempo en las que se la veía luciendo su escultural figura, enfundada en un bikini y en la playa. “Lo hice a propósito y tuvo bastante repercusión. Son fotos que publiqué en Instagram y fue una decisión personal porque entendí que no hay ninguna contradicción entre el cuerpo y el trabajo personal e intelectual. Ser mujer y querer verse bien, tener un físico agradable y mostrarlo con el trabajo que una realice es una manera de derribar prejuicios y tal vez en ese caso fue una provocación”, advierte. Y continúa: “Me gusto. Aprendí a quererme y saber qué luce mejor en mí. Escucho a mi doctora que hace un todo de belleza y salud para sentirme plena y soy complaciente conmigo. Mi relación con el espejo es un ida y vuelta agradable. Veo el paso de los años y cuando miro fotos viejas, me doy cuenta que estoy mejor ahora. Pero trabajo para eso: la piel hay que cuidarla y hago tratamientos para mantener el brillo. En el gimnasio hago ejercicios de hombros y brazos para estar más erguida porque luce mejor en la tele. Aprendí a construir mi propia imagen desde la observación y cuando hay algo que no me gusta, lo corrijo”.

Débora admite estar orgullosa de ser mujer y de jugar con la dualidad “Almodovariana” de frivolidad y asegura que eso no le quita ser inteligente ni menos profesional, ni ser banal o superflua. Adora ser maternal y tener la capacidad de hacer muchas cosas al mismo tiempo. No ambiciona más de lo que tiene y acepta su presente con felicidad. “No estoy corriendo tras la zanahoria. Acepto lo que tengo y lo disfruto. Mis hijos están sanos, amo a mi marido y él me ama. Trato de hacer lo mejor posible mi trabajo y estoy atenta a mis afectos. Si viene más, bienvenido; yo estoy siempre con los brazos abiertos, pero no estoy con la frustración de lo que todavía no fue y así todo es mejor”, advierte. Y asegura que tanto su marido como  alguna pareja que tuvo anteriormente, siempre le destacaron su inteligencia: “Mi órgano sexual más interesante es el cerebro y desde ahí todo nace, fluye y se transforma, porque podés tener los ojos  más lindos pero si no hay nada adentro, es una caja vacía que dura sólo un rato”, repite. Cada día se acuesta muy tarde y asegura que su problema es la falta de sueño porque le cuesta bajar la adrenalina de toda la jornada. “No bajo nunca… Sin embargo soy tranquila, centrada y serena y no es porque haga yoga. Soy así. Todo está en mí. Lo bueno y lo malo”, concluye.

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Leticia Pomo

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