sábado 23 de marzo de 2019
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ACTUALIDAD | 09-10-2018 15:12

Jimena Barón: "Con los hombres sólo quiero divertirme"

La cantante muestra su lado más seductor y revela todos sus secretos . ¡Mirá la entrevista!

Todo en la historia de Jimena Barón (31) se recicla. Lo que en otras personas puede ser un factor de debilitamiento, en ella se transforma: la reconstruye y posiciona donde quiere estar. Supo torcer el destino marcado de las estrellas precoces tras la inolvidable “Aneta” de “El Faro” y la niña de “Gasoleros”, con sólo 11 años. Ni su aventura adolescente de ir a Nueva Zelanda a cultivar kiwis con amigas ni su decisión de dejar todo por amor le impidieron sus logros profesionales. Al contrario: las idas y venidas con el ex jugador de fútbol, Daniel Osvaldo (32), con quien tuvo a Morrison (4), fueron el aliciente perfecto para su exitoso primer disco “La Tonta”, que presentará el 21 de octubre en el Teatro Ópera con invitados especiales, como Ráfaga, Fabiana Cantilo y Emme. “Estoy entusiasmada con mi agitado cierre de año, feliz de haber incorporado como coreógrafo de mis shows a Matías Napp, quien entró a mi vida a partir de este ‘Bailando’ y es un coach mega talentoso. Estamos recorriendo el país y la respuesta de la gente es hermosa. Invertí mis ahorros para cumplir mi sueño de cantar y, si bien por ahora no es una ganancia económica, proyecto una carrera como cantante. También tratamos de ser coherentes con el precio de las entradas por la complicada situación del país”, destaca quien compuso temas propios y también “Soy como soy” para la tira “Simona” y la cortina de cierre de “Showmatch”. “Estoy trabajando en mi segundo disco, tiene el mismo sello de mujer fuerte que va al frente y hace lo que quiere pero es un poco más vengativo que ‘La Tonta’… me permito más licencias: si bien crecí consumiendo pop, a la vez me encanta la cumbia, el reggaetón, el rock…”, agrega con el mismo entusiasmo que luce su pañuelo verde atado a su cartera.

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—Contó que la última vez que tuvo sexo fue hace un mes precisamente con él y Rodrigo dijo lo mismo….

—Yo a él no le creo, se lo dije… no le creo nada que la última vez haya sido conmigo ¡ja ja ja ja!

—Morrison llegó a verla junto a Rodrigo, ¿es celoso de su mamá?

—A Rodrigo nunca se lo presenté como pareja, lo conoció junto a otros amigos hombres, que tengo cada vez más afortunadamente. “Momo” está más celoso de mi bailarín… cuando vio la salsa de a tres con Virginia Gallardo que nos dimos un beso, me dijo: “Si es chica también me molesta, no importa que estés actuando”. Es desfachatado: cuando vino al piso de “Showmatch” y en la gala de Los Gardel, eligió su ropa, se puso anteojos. Es un nene libre y feliz, hace lo que quiere: el otro día me agarró un labial azul y salió con los labios pintados a la calle… me dice que le compre alimentos naturales sin TACC (sin gluten) como come su novia Mora del jardín. Dejo que se manifieste con total libertad, sin tabúes: mientras no joda a nadie, le digo que haga lo que sienta. Desde chico habla claro, a veces tengo charlas como un par y nos tentamos,  quizás tiene que ver con que lo estimulé desde bebé y jamás le hablé como a un nenito.

—¿Daniel Osvaldo la ayuda con la crianza?

—No, no me ayuda mucho con la crianza. Daniel se toma la paternidad de una forma que no la respeto. Desde que nació, Morrison es mi prioridad. En la vida de Daniel, primero está él con sus cosas y después el resto. Siempre voy a ser la mamá de su hijo que está con la mejor onda cuando aparece. Jamás voy a crearle un fantasma a “Momo” sobre su papá pero cuando el enano me pregunta algunas cosas, le digo la verdad.  No tengo que educar ni indagar a Daniel como padre, él toma una decisión y vive bien con eso, más allá de que me siga sorprendiendo. La manutención se resolvió en su momento con mi abogada y hoy cumple con todo.

—¿Cómo se lleva con su condición de femme fatale?

—En mi cotidianidad es una imagen que me perjudica más de lo que me beneficia. Hoy ni siquiera me hablo con alguien. Se suelen asustar más de lo que se animan. Pero un poco mi herramienta con los hombres es intimidarlos: como me la banco, es mi filtro para que sobreviva también el que se la banque.

—¿Cuáles son sus tips de belleza?

—Hace tres años que no como harinas, tengo mucha conducta. Me cocino porque detesto el delivery. Cuando te cuidas bastante, no podés comer cualquier cosa porque enseguida te cae mal. Me hago licuados con maca para que me dé energías, como mucha carne, verduras, palta… Y necesito entrenar como mínimo tres veces por semana para descargar y desconectarme. Hubo un tiempo donde entrenaba todos los días, ahora con el “Bailando” se me complica. Tengo el gimnasio en casa: corro, hago abdominales con pelotas, pesas… Sólo no hago maquinas porque por mi genética rápidamente adquiero volumen. También tengo mis permitidos: amo el helado y las papas fritas.

—Mostró su celulitis para concientizar sobre los falsos modelos de perfección, ¿alguna vez la acomplejó su cuerpo?

—No, en 2011 hice el “Bailando” con un cuerpo más power y me sentía divina. Siempre mi autoestima pasó por otro lado. Mis amigas me lo recuerdan: cuando vivíamos en Nueva Zelanda y no teníamos un mango, comíamos siempre fideos y pesaba 20 kilos más. Y aun así me levanté los chabones más lindos: un yanqui… un australiano que hasta quiso vivir conmigo en Argentina.

—Expresó que se cansó de los hombres porque son muy “minitas”,  ¿se permitiría tener una relación con alguna mujer?

—En un punto, me gustaría ser atraída por una mujer porque quizás me estoy perdiendo algo que está buenísimo. Pero nunca me pasó. Y la verdad tengo candidatas bellas, con mi relajo se abrió una ventana nueva: me encaran mujeres conocidas, anónimas…  Hay minas que me mandaron de la nada videos medio en bolas o me dijeron: “Te mato”. Cosas que un hombre no me dice. Las mujeres vamos más al grano. Si el día de mañana me pasase algo con una mujer, iría para adelante sin mambos. Pero, por lo pronto, me gustan demasiado los hombres: si son altos y musculosos, me vuelvo loca, soy medio groncha para los tipos.

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—¿Y aceptaría una relación de Poliamor?

—Nunca estuve al mismo tiempo con varios hombres. Pero estoy en crisis con la monogamia…  El amor para toda la vida me parece un embole. Si a alguien lo hace feliz, bárbaro. Pero desde mi naturaleza no lo creo: yo soy muy calentona. Viví en Nordelta con el chico millonario, tuve la casa con jardín, el hijo, el Golden, la camioneta… y nunca fui más infeliz que en ese momento. Yo quiero pasarla bien y eso no es nada superficial, es profundo: pasarla bien significa ser honesta y sincera con lo que siento. Si estoy en pareja y me pasa algo con otra persona, no la careteo, se lo digo y me separo.

—¿Hoy con respecto a los hombres sólo quiere divertirse?

—Sí, si estoy sola me quiero divertir. Estoy más grande y sé lo que me gusta, lo que no me gusta. En este momento todo tiene que valer la pena. Tengo que pasarla bomba para juntarme con alguien. Tampoco me gusta cualquiera: algunos son unos potros pero no me generan nada.  Me gustan los hombres chongos, con actitud, los chabones normales que me hagan olvidar de mi profesión.  Apenas veo que les deslumbra mi mundo, que les importa más que nos saquemos la foto, rajo. Es mentira que al hombre le gusta que una mujer le diga: “Esta noche sólo tengamos sexo y mañana ni me escribas”. Cuando di a entender que me gustaba verme con alguien porque la pasaba genial pero que no quería que me quemara la cabeza ya que iba a hacer la mía, salió corriendo. No les copa, les da inseguridad. Menos conmigo que pueden quedar expuestos si transciende que estuvimos y luego aparece otro. Igual sé que tengo algo engañoso: soy una pantera depredadora, bravísima en la intimidad: mandona y también me gusta que me dominen, y a la vez soy una mina muy cariñosa. Y ahí muchos se confunden porque no necesariamente tengo que estar enamorada para ser así: si estoy cómoda con alguien, me nacen espontáneamente esas dos facetas.

—¿Cuándo fue la última vez que se enamoró?

—Con Juan (Martín Del Potro), con quien terminé de la mejor manera. Es un tipazo y lo adoro. Igualmente no tenemos mucho diálogo porque, como buen libriano, Juan tiene todo bajo control y es mucho más organizado de sentimientos: cuando algo se terminó, cierra la puerta. Sólo nos mensajeamos cada tanto: lo felicité por sus logros.  Apenas nos separamos le dije que iba a ser top 3 y tuve razón: él la pasaba mal cuando no podía acompañarlo en los viajes; necesitaba tener la cabeza tranquila para que no repercuta en su trabajo. Cuando percibí que él estaba más para llevarme con lo suyo que para acompañarme, puse punto final. De novia, lo que más me preocupa es que el otro se sienta feliz y libre, soy muy buena acompañando sin tener que estar físicamente.  Esa es la clave de las parejas: no hay que participar en todas las cosas del otro. Pero algunos no lo entienden. Y yo no negocio más mi libertad ni mi carrera por amor.

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