Lejos del ruido de la ciudad y rodeada de verde, Wanda Nara conserva en Italia un refugio que funciona como pausa emocional y postal de otra vida. Se trata de su casa de campo en las afueras de Milán, una propiedad que mantiene intacta y que, cada vez que vuelve al país europeo, se transforma en su lugar de descanso, conexión con la naturaleza y recuerdos familiares.
Wanda Nara y el encanto de la villa italiana
La construcción, de estilo clásico y líneas bien definidas, está completamente abrazada por la vegetación. La fachada, cubierta de enredaderas, refuerza esa estética de villa italiana tradicional, donde el paso del tiempo no se borra, sino que suma carácter. Ventanas con postigos blancos, techos de tejas y un parque amplio completan la imagen de una casa pensada para vivir al ritmo del campo, sin perder elegancia.
Puertas adentro, el diseño mantiene una coherencia estética marcada por materiales nobles y una paleta cromática reconfortante. Predominan los verdes profundos, los azules intensos y los tonos arena, que dialogan con la madera presente en pisos, marcos de ventanas y mobiliario. Las habitaciones se organizan con camas de estructura rústica, textiles livianos y cuadros de impronta clásica, muchos de ellos vinculados al mundo ecuestre, una pasión que atraviesa toda la ambientación.
Wanda Nara y los detalles que hablan de hogar
En el living, los sillones claros conviven con sillones de respaldo alto, lámparas de araña y una galería de cuadros cuidadosamente seleccionados. El mix entre lo tradicional y ciertos toques contemporáneos le da al espacio un aire cálido, pero sofisticado, donde cada objeto parece tener una historia. La biblioteca, con estanterías repletas de libros antiguos y detalles decorativos en hierro, refuerza esa atmósfera de casa vivida, lejos de la estética impersonal.
La cocina, en tanto, mantiene el espíritu campestre con muebles blancos, mesadas de madera y una cocina de estilo retro que se convierte en protagonista. Frascos de vidrio, canastos de mimbre y utensilios a la vista refuerzan la sensación de hogar, de esos donde el tiempo se mide en sobremesas y no en la estresante rutina. Pero si hay algo que define este refugio es su entorno: amplios jardines, árboles añosos y la presencia constante de caballos, que forman parte del paisaje cotidiano. No es casual que muchas de las imágenes que Wanda comparte desde allí la muestren recorriendo el parque, entre flores y senderos, lejos del ruido mediático y compromisos laborales.
Aunque hoy su vida transcurre entre viajes, proyectos y MasterChef Celebrity, esta casa de campo sigue siendo un ancla emocional. Un lugar que conserva, no solo por su valor inmobiliario, sino por todo lo que representa: familia, intimidad y una versión más calma de sí misma. Un refugio italiano que, más que una propiedad, funciona como una postal permanente de otra forma de vivir.
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