Palito Ortega y Evangelina Salazar abrieron las puertas de la casa que tenían en Tucumán en una producción de CARAS de 1993, cuando él ya era gobernador de la provincia y todavía aspiraba a una mayor ambición: la posibilidad de, algún día, llegar a la Presidencia.
Palito Ortega y Evangelina Salazar: una casa tucumana con peso propio
Lo primero que llama la atención es la arquitectura en general. La casa apostaba a la amplitud, una decisión en sintonía con una familia tan numerosa como la que formaron Palito Ortega y Evangelina Salazar con sus seis hijos. En el living principal, donde la pareja posó para la portada de la revista, aparecen sillones de gran tamaño, cortinados largos, una mesa ratona robusta y una araña de hierro forjado que cuelga de un cielorraso de tablas de madera. Toda esa combinación generaba un clima elegante y familiar, muy asociado a la idea de casa importante de los años 90. En otra de las fotos, además, posaron en el patio de la casa y, detrás de ellos, se veían arcos de piedra, faroles colgantes y muebles de metal blancos, un conjunto que le daba al ambiente un aire clásico y hasta incluso algo señorial.
A eso se le sumaba una configuración espacial que ordenaba a la vivienda en distintas "capas", con algunas habitaciones que buscaban impactar mientras que otras invitaban a relajarse. En una de las imágenes se ve una chimenea ancha, revestida en ladrillo pintado de blanco, con una repisa negra que contrastaba con el resto. El piso oscuro, salpicado por pequeños insertos claros, sumaba un lenguaje decorativo que hoy recuerda de lleno a una sofisticación muy noventosa. Había textura, peso visual y una clara intención de construir presencia, muy en sintonía con un momento en el que Palito Ortega ya proyectaba una ambición política mayor.
Palito Ortega y Evangelina Salazar: entre la intimidad familiar y los sueños de poder
En cambio, los sectores privados revelaban otro costado de la casa. En las fotos con Rosario, la hija menor del matrimonio, y en las fotos donde se ve parte del vestidor, aparecen telas rayadas en rosa y blanco, sillones de mimbre, lámparas con pantallas estampadas y, otra vez, grandes cortinas que llegaban hasta al piso. Había, además, una tensión interesante entre rusticidad y refinamiento.
El techo de madera, la araña de hierro, el hogar y algunos muebles de impronta más clásica convivían con piezas de mimbre, textiles suaves y rincones más descontracturados. Nada estaba llevado al extremo, pero todo sugiere una casa que quería verse acogedora y al mismo tiempo con rango. Más que de diseño puro, habla de una estética de época ligada al ascenso y a cierta idea de éxito familiar muy visible en la Argentina de los 90.
Por eso, más que una simple residencia, la casa tucumana de Palito Ortega y Evangelina Salazar parecía expresar bastante bien una aspiración. Mientras él gobernaba Tucumán y admitía que ser presidente sería un honor si la gente lo decidía, la casa mostraba, en paralelo, un estilo de vida a la altura de ese deseo: amplia, clásica y pensada para dejar en claro que el sueño de ir más lejos no terminaba en esas paredes.
Dante Ortega, el nieto de Palito Ortega, reveló que su papá se negó a trabajar con él: "No lo necesito para ser quien quiero ser"
El inesperado enojo de Evangelina Salazar al escuchar las imitaciones de Dante Ortega: "Basta"
La historia de amor de Emanuel Ortega y Julieta Prandi: "Me apareció una foto de ella y algo me habló"
Evangelina Salazar se sinceró sobre su nieto, Dante Ortega: "Me devolvió la alegría"
Escándalo de los créditos: escracharon al "niño Menem" en Diputados
Del garaje de la casa de sus padres a referente de la belleza: la historia de Celeste González de MUD
El día que Luis Brandoni habló de su propia muerte: "Mi ilusión es que la gente me recuerde"