Graciela "Gachi" Ferrari fue una de las figuras más queridas de la televisión argentina y una de las caras que marcaron la infancia de toda una generación. Su trabajo como modelo, actriz y conductora la convirtió en un nombre infaltable de la pantalla chica, especialmente gracias a su participación en exitosos programas infantiles, como El libro gordo de Petete y El Club de Anteojito y Antifaz. Sin embargo, cuando atravesaba uno de los momentos más importantes de su carrera, tomó una decisión que sorprendió a muchos: priorizó romance, dejó atrás la exposición y apostó por una nueva vida. Lo que parecía una renuncia al éxito terminó siendo el inicio de una etapa que la llenaría de satisfacciones, en la que logró reinventarse y construir un verdadero imperio empresarial.
Gachi Ferrari, una juventud atravesada por el modelaje y los medios
En una entrevista que mantuvo con La Nación, Gachi Ferrari abrió las puertas de su privacidad y reveló detalles inéditos de su vida: desde sus comienzos como modelo, actriz y conductora, hasta llegar a ser uno de los rostros más destacados del universo fashionista. La artista, quien nació el 19 de diciembre de 1954 en la ciudad de Buenos Aires, desde muy chica soñaba con ser azafata y realizar viajes a lo largo y ancho del mundo. Sin embargo, una tentadora propuesta la sumergió en un mundo que hasta entonces no había contemplado.
Todo comenzó cuando tenía 16 años y aceptó trabajar haciendo promociones los fines de semana para ganar su propio dinero. Poco después fue convocada por una agencia de publicidad y comenzó una exitosa carrera como modelo gráfica, convirtiéndose en la imagen de marcas como Suflair y Terrabusi. Según recordó, su mayor virtud no era precisamente un perfil sensual, sino la simpatía, una característica que le permitió destacarse en la publicidad; trabajo que le permitió obtener su primera casa y comprar su primer auto.
Su consolidación en el modelaje la convirtió en una de las figuras más destacadas del espectáculo, protagonizando numerosas tapas de revistas. Esa popularidad le abrió las puertas de la televisión, donde comenzó a desarrollar una exitosa carrera como actriz en las telenovelas Pobre diabla y Mi cuñado, mientras que también su versatilidad en los medios la llevó a ser conductora de distintos programas infantiles; entre los más recordados se encuentran El libro gordo de Petete y El Club de Anteojito y Antifaz.
El perfil televisivo de Gachi Ferrari que marcó a toda una generación
Mucho antes de la exitosa versión protagonizada por Ricardo Darín y Luis Brandoni, Mi cuñado tuvo una primera adaptación en 1973, de la que Gachi Ferrari formó parte. La ficción, protagonizada por Osvaldo Miranda y Ernesto Bianco, fue uno de los programas de mayor audiencia de la época. En la historia, Ferrari interpretaba a la novia del personaje de Emilio Disi, compartiendo elenco también con Gabriela Acher y Nelly Láinez.
Un año después fue convocada para participar en la película Una mujer, protagonizada por Cipe Lincovsky y Federico Luppi. Si bien llegó a filmar algunas escenas, finalmente no fueron incluidas en el montaje final. La decisión le provocó una profunda desilusión, especialmente porque había asistido al estreno junto a su madre. En ese momento ella misma lo recordó como "un drama", aunque en la actualidad lo concibe como una anécdota.
En el plano televisivo, también formó dupla con Fernando Bravo en ATC en el programa A todo color. Sin embargo, ella estaba transitando el embarazo de su primer hijo Ignacio y no pudo estar tan presente. Fue su primera experiencia en conducción.
Meses más tarde recibió la convocatoria de Manuel García Ferré para incorporarse a sus exitosos programas infantiles. Así comenzó a conducir El Club de Anteojito y Antifaz, La Maquinola y, más tarde, El libro gordo de Petete, el ciclo que más la marcó a nivel profesional. Permaneció al frente de este último durante cinco años, entre los 22 y los 26 años, convirtiéndose en una de las figuras más queridas de la televisión infantil.
En aquellos años, la interacción con un personaje animado era toda una innovación en la televisión. Sin embargo, Graciela reveló que el "muñeco viviente" cobraba vida gracias al trabajo de Manuel García Ferré y Néstor D'Alessandro, quienes le movían la cabeza, los brazos y el cuerpo de Petete detrás de escena. El personaje se convirtió en un fenómeno internacional y su contenido llegó a traducirse al japonés.
Tras su paso por los programas de García Ferré, Ferrari se incorporó a Supershow infantil, un exitoso ciclo de Canal 9 que compartió con Berugo Carámbula, Mónica Jouvet y Alberto Muney. Este formato marcó su vida ya que le presentaba una dificultad respecto a la recreación de su personaje. Una de las anécdotas más curiosas de esa experiencia fue cuando recibió los constantes “ataques” de La Mona Margarita durante las grabaciones. Según contó, le tiraba del pelo, la mordía y hasta le daba cachetazos, mientras ella debía soportarlo porque era una de las favoritas del público infantil.
El punto de inflexión en la vida de Gachi Ferrari
Durante la década del ´70 y del ´80, Gachi Ferrari tuvo su época dorada televisiva. Pero esto significaba un gran costo personal: dejar su vida privada de lado. En su relato, remarcó que estaba llevando a cabo la conducción de tres programas a la vez. Fue en 1987 que realizó un cambio radical en su vida: dejar la televisión para acompañar a Lando Simonetti, su actual marido, a viajar por el mundo.
La empresaria y el empresario italiano textil se conocieron en 1985, cuando ambos aún estaban casados con sus respectivas parejas y ella ya era madre de un hijo. Sin embargo, el destino los cruzó y, desde aquel momento, sus caminos quedaron unidos para siempre. A más de cuatro décadas de ese primer encuentro, reconoció que en aquel flechazo hubo “mucha trampa” y que recién con el paso de los años se animaron a admitirlo.
Simonetti dejó su vida en Estados Unidos -incluido su trabajo estable- para apostar por el amor y radicarse en la Argentina. Semanas más tarde, fue Gachi quien puso fin a su matrimonio y, con los ingresos que obtenía de sus presentaciones televisivas y los proyectos comerciales de Lando, compraron su primera casa conyugal y comenzaron a invertir en lo que luego se convertiría en su gran emprendimiento: La Martina. Fue Simonetti quien le transmitió sus conocimientos del rubro, desde cuestiones técnicas hasta la producción de las prendas.
Con el correr de los años, aquel proyecto que nació como una apuesta personal comenzó a crecer a pasos agigantados hasta convertirse en un verdadero imperio. La Martina, la empresa fundada por el matrimonio, logró posicionarse como una de las marcas argentinas de referencia internacional en el mundo del polo y la indumentaria deportiva, con presencia en distintos mercados del mundo, llegando incluso a vestir a figuras de la realeza británica como los príncipes Harry y William.
La firma logró expandirse a nivel internacional con casi 80 locales exclusivos alrededor del mundo, incluso en destinos como Dubai, El Líbano y Grecia. Graciela encontró una oportunidad en el polo, un deporte con poca presencia comercial y un mercado de nicho que aún no contaba con una identidad propia.
Sobre su presente, la artista contó que gran parte del año transcurre entre Europa y Argentina, especialmente en Italia, donde la compañía tiene una oficina, y Londres, uno de los puntos estratégicos para su expansión. “Todo esto para decirles a nuestros clientes que el señor que pasa por la puerta de su negocio y entra a comprar está por desaparecer, y no nos podemos quedar afuera”, explicó a El Cronista al referirse a la transformación del consumo y la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos.
La historia de vida de Gachi Ferrari refleja una transformación que pocos imaginaban cuando brillaba como una de las figuras más populares de la televisión nacional. Con el paso del tiempo, dejó atrás la exposición mediática para enfocarse en nuevos desafíos junto a Lando Simonetti, con quien logró convertir una apuesta inicial en una compañía de alcance internacional. Su empresa no solo se consolidó como una marca vinculada al polo y a la identidad argentina, sino que también logró conquistar mercados extranjeros y vestir a figuras de relevancia mundial. A más de cuatro décadas de aquel giro en su vida, la artista continúa ligada a un proyecto que nació de una apuesta de negocio familiar y que terminó convirtiéndose en uno de los grandes hitos de su trayectoria, consolidándose como un verdadero imperio.
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