Es un ícono argentino. Todos conocen parte de su intimidad, su trabajo, su familia, sus parejas... Pocos secretos hay en la vida de Moria Casán. Nació un 16 de agosto en Buenos Aires y abandonó su carrera de Derecho para debutar casi desnuda en la revista porteña. Su nombre se convirtió en un sello, en una marca a fuego, en la gran vedette de la calle Corrientes. Se casó y se separó un año después para no volver a claudicar frente al altar. Actriz, conductora, empresaria... Fue más amada de lo que amó, según sus propias palabras.
En 1987 se convirtió en mamá de Sofía Gala Castiglione (39), quien la hizo abuela con Helena Tuñón (17) y Dante Della Paolera (11). Celebra sus 80 años y lo hace feliz, plena, según aclara una y otra vez, con su verdad. Directa, clara, sin medias tintas, llamando a las cosas por su nombre y provocando polémica, enojos y discusiones.
Así Moria transita un 2026 haciendo televisión en las mañanas de eltrece, teatro con “Cuestión de género” junto a Jorge Marrale y, como si todo fuera poco, estrena su biopic de 8 capítulos en Netflix, escrita y dirigida por Javier Van de Couter y realizada por About Entertainment. Una serie que se verá en 193 países, traducida a 33 idiomas, en la que tres actrices la personifican. Su propia hija, Sofía, Griselda Siciliani y Cecilia Roth. Una historia “titireteada” por ella misma. Como toda su vida.
“Se ha dado una constelación muy especial para este momento de mi vida... Estoy viviendo algo extraordinario que me produce una inmensa emoción. Jamás fui de llorar pero, increíblemente, viendo todo mi presente, se me llenan los ojos de lágrimas. ¡Ni yo misma puedo creer la carrera que he tenido! ¡Yo no soy terrenal! Sólo hay que pensar que en cincuenta años de trabajo jamás falté a una función de teatro...”, arranca Moria con la sinceridad que impone en cada palabra.
Y su energía no sólo es admirable sino también envidiable. Porque sólo basta escuchar su rutina diaria para quedar agotado. “Me levanto a las 6.30 porque quiero que mi rostro se relaje y no tenga rastros de las horas de sueño. No desayuno jamás. Recién a las 8 de la mañana tomo un té y una fruta, que puede ser una mandarina o una pera. Y hago mi programa de televisión que me da muchas satisfacciones porque me energiza ya desde la mañana. Antes de las 11 ya estoy libre.
Entonces me tomo tiempo para mi cuerpo. Algunos días voy a lo del Dr. Mülberger para cumplir con mi tratamiento de medicina antiage. Y me deja impecable. También recurro al Dr. Nelson Cosio Pirrota que me hace una reestructuración con inyecciones de esperma de salmón y sueros y a veces también consulto al Dr. Yamil Ponce y al Dr. Guillermo Capuya. Todo lo que me hace bien.
El tema es que jamás me enfermo entonces tengo médicos a los que les hago alguna pregunta por teléfono. Y también le dedico un tiempo especial al cuidado exterior como las manos, los pies, el pelo... Siempre busco mi armonización”, explica Moria despojada de todo divismo.
A los 80, una Moria Casán plena y auténtica
A los 80 años, Moria Casán repasa su presente, su manera de vivir y los vínculos que hoy ocupan un lugar central en su vida. Fiel a su estilo, habla sin filtros sobre el paso del tiempo, el amor, la libertad y su propia forma de reinventarse.
—¿En algún momento del día se siente cansada y tiene ganas de parar?
—No me canso nunca. Yo regulo muy bien mi energía. Y no voy a todos lados sin una razón. Aunque no lo crean soy una fóbica social. No aguanto los lugares con mucho ruido. Entonces selecciono a dónde ir y así, además de no estresarme, no me canso...
Vivo el momentismo absoluto. Cada momento lo vivo como el mejor. Amoldando mi psiquis. Siento que no he perdido el tiempo y eso me permite no quedarme estancada en ninguna etapa. Me vengo construyendo desde que tengo uso de memoria. Y desde entonces medito y eso me ayuda. Siempre fui una mujer adelantada… Sólo hay que recordar que cuando tenía, creo que 14, me dieron electroshock porque era muy fuerte para los que me rodeaban y yo como respuesta, tuve un orgasmo...
—¿Cuenta con alguna herramienta especial para fortalecerse?
—Estudio la Kabalah (tradición mística y esotérica del judaísmo que busca explicar la relación entre el Creador y el universo, que significa recibir).
Soy una observadora de mi misma. Antes lo hacía naturalmente, ahora cuento con el asesoramiento de un rabino. Lo tomo como herramienta para seguir creciendo. Hoy sólo quiero ser lo más auténtica que pueda. Toda mi vida he corrido riesgos pero hoy sólo dejo que todo fluya y hago lo que se me canta... Leo metafísica y eso te da otra visión. Soy mi propio portal.
Medito mucho y eso me da porosidad. Los pensamientos negativos los saco sin temblar; nada perturba mi vida.
—¿Y cómo recibe estos 80?
—Yo no festejo mi cumpleaños. Sí me encanta celebrar la vida que tengo... Nunca en mi vida negocié mi libertad. El ser uno mismo no debe entrar en ninguna negociación. Los valores de uno no se negocian con nadie.
Tampoco jamás me analicé porque soy de la teoría de que todo lo que entra tiene que salir. Y nunca sentí culpa de nada ni vergüenza por nada. Todo me resbala. Y gracias a mis valores soy una mega billonaria. No puedo creer mi resistencia, mi salud. Me parece todo maravilloso y quiero seguir hasta los doscientos...
Es bueno cumplir 80... ¡Es tanta vida! ¡Es una cuestión de actitud, de cerebro, de dinámica... Yo misma me admiro porque no lo puedo creer.
—¿Alguna vez piensa en la muerte?
—No. Jamás. No pienso nunca en la muerte. Me gustaría seguir renaciendo. Siempre resucitando. Con los años voy encontrando otras cosas que me mantiene muy viva. Mi ser va buscando y creando todos los decretos.
Yo inventé cosas y mi aura es imantada. En una etapa exploté energéticamente. Y siento que me convertí en un mix de estrella rock y actriz. Ese aura me dio una dimensión diferente de mi ser.
—¿Cómo se reinventa para estar siempre arriba?
-El mundo en el que estamos viviendo está raro. Hay drones por todos lados, guerras sin razón... estamos reinados por el celular y las redes. Yo no cuantifico. Soy gánica por naturaleza y, como soy una observadora de mi propia vida, sigo mi instinto de supervivencia.
Me autosucciono y me baño con una pirámide de vaselina para que todo me patine y nada me influya. Pasé muchas cosas duras pero jamás me instalé en eso. Lo atravesé todo y siempre salí adelante... Tuve y tengo más luces que sombras. Yo no tengo poses y eso es la plenitud. Soy una mujer fuerte porque trabajo mi energía.
—¿El amor qué lugar ocupa hoy en su vida?
—Mi hija y mis nietos son el amor más auténtico. Y el amor con un hombre hoy lo estoy viviendo con Galma como un amor adulto que es hermoso. El es mi gran compañero desde hace cuatro años.
El sexo es el placer absoluto. En ese punto nunca tuve problemas. Me autosatisfago. Vivo el erotismo conmigo misma; no espero que otro lo aporte. Me autoabaztesco.
No puedo pretender que el sexo a los 80 sea el mismo desenfrenado que a los 30. Es bueno porque soy muy sensual y soy una gran gozadora. Pero creo que a una altura de la vida el sexo es como una buena comida y está sobrevalorado. Aunque, por momentos, sólo te sobrevuela. No creo en la adicción al sexo; cada cosa en su lugar. Nada en alta; todo en busca del justo equilibrio.
—¿Qué sintió al ver su vida reflejada en la pantalla y con su hija personificándola?
—¡No puedo creer la vida y la carrera que tengo! Como ya dije, sentí una constelación perfecta. Una emoción que se mezcló con todo. Algo extraordinario. Esta serie exteriorizó toda mi sensibilidad. Mi relación con Sofía hoy también cambió y mi nieto se queda conmigo todos los fines de semana.... Estamos todos constelando sin darnos cuenta.
Por eso me emocionó verme en la serie. Me pareció todo surrealista. Por momentos me metí en la historia como si fuera la vida de otro. Entré y salí de la historia todo el tiempo. Y sentí mucho placer.
La vimos con Sofía, juntas, y no pudimos parar de llorar en el final del segundo capítulo. ¡Muy fuerte todo! Incluso mi nieta, Elena, hace una pequeña participación haciendo de mi a los 14 años... Y mi hija me impresiona. Todo es extraordinario.
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