Con la lucidez de quien atravesó todas las cumbres y también los abismos, El Puma Rodríguez repasa su vida con una mezcla de gratitud, fe y una profunda conciencia del amor recibido. En una charla íntima con Héctor Maugeri para +CARAS, el artista habló del éxito, del dinero y, sobre todo, del vínculo que sostiene su presente. “Yo no tengo cómo pagar lo que mi esposa ha hecho por mí”, confesó, dejando en claro que hay deudas que no se saldan con cifras ni con prestigio.
Maugeri lo llevó a un recuerdo puntual: marzo de 1993, cuando El Puma mostraba su casa en Venezuela y en el garaje descansaban dos Mercedes-Benz y un Rolls-Royce último modelo. Símbolos de una carrera extraordinaria, de escenarios colmados y contratos millonarios. Sin embargo, Rodríguez fue tajante al relativizar el valor del dinero. “¿Qué es caro y qué es barato?”, planteó, comparando la fortuna con un vaso de agua en medio del desierto. Para él, el dinero siempre fue circunstancial frente a lo verdaderamente esencial.
El Puma Rodríguez y el valor de la vida
Esa reflexión se vuelve más profunda cuando recuerda el momento más delicado de su historia. “¿Cómo le pago yo a los médicos que me salvaron la vida?”, se preguntó, en alusión a los años en los que su salud estuvo en riesgo. Allí, la noción de éxito se resignificó por completo. La vida, entendió, no admite equivalencias económicas. Y el acompañamiento humano se vuelve incalculable.
En ese punto aparece con fuerza el nombre de su esposa, compañera desde hace más de tres décadas. “Luego de más de 30 años de casados, mi amor por mi mujer sigue intacto”, afirmó en +CARAS con convicción. Reconoció que, ante las circunstancias extremas que atravesó, muchas personas hubieran elegido irse. Ella no. Se quedó, sostuvo, acompañó y fue pilar. “Ni con dinero ni con la vida puedo pagar lo que ha hecho por mí”, insistió.
El Puma Rodríguez y un amor que desafía el tiempo
Maugeri también recordó una tapa de 1996 que anunciaba su casamiento, impulsado por un pedido especial de su hija. La boda fue en Miami, con 400 invitados y padrinos de lujo como Susana Giménez y Paul Anka, quien incluso cantó “A mi manera” adaptando la letra al momento. Una escena que parecía de película, pero que tenía una raíz profundamente emocional.
A pesar de la diferencia de edad en la pareja, 23 años, El Puma se permite hablar desde un lugar vital. “Me siento como un pibe”, dijo, con una sonrisa que explica mucho de su energía actual. Hoy, lejos de medir su vida por autos o portadas, la mide por la gratitud. Por la familia, por la fe y por un amor que, intacto, le recuerda cada día que lo más valioso nunca se compra.
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