A lo largo de su carrera, Luciano Pereyra compartió con CARAS muchos de sus momentos más importantes: giras, viajes, encuentros inolvidables y también etapas de crecimiento personal. Pero hubo una tapa que marcó un antes y un después, aquella boda campestre que lo mostraba radiante junto a Julia Rezzuto, en una escena de libertad, colores suaves y felicidad auténtica. “Fue una historia de amor hermosa”, recordó Héctor Maugeri al traer al presente ese capítulo tan especial. Y fue entonces cuando el cantante se animó a contar cómo apareció la mujer que cambiaría su vida.
Lejos de definirse como una estrella puertas adentro, Luciano fue claro: el artista queda afuera de casa. “Termino de trabajar y me encuentro con mi esposa, con mis perros, con la vida normal”, explicó, bajándole el volumen al brillo del escenario para poner el acento en lo cotidiano. En ese espacio íntimo y real, Julia se volvió su refugio, su compañera y, con el tiempo, su familia. “Encontré una persona increíble”, resumió en +CARAS, sin vueltas pero con emoción.
Luciano Pereyra: “Los tiempos de Dios son perfectos”
Para Luciano, el encuentro con Julia no fue casualidad. “La mandó Dios”, dijo, convencido de que todo llegó en el momento justo. Comparten gustos simples: la naturaleza, los perros, el disfrute del tiempo juntos, sin estridencias. “Amamos las mismas cosas y la pasamos muy bien, por eso decidimos casarnos”, contó, recordando que la boda fue en marzo, aunque llevan seis años de relación. Según él, el primer paso fue de los dos, algo que se dio de manera natural y sin estrategias.
Lo curioso es que Julia, antes de ser su pareja, también fue parte del público. Iba a sus conciertos y él ya la había visto. “Yo la miraba y por momentos la reconocía, como que era ella”, confesó, como si el destino ya estuviera escribiendo la historia mucho antes del primer saludo. Hasta que un día se cruzaron, fueron a cenar y, desde entonces, no se separaron más.
Luciano Pereyra y Julia Rezzuto: complicidad, trabajo y proyectos en común
Julia es profesora de inglés y, aunque Luciano admite que entiende más de lo que se anima a hablar, se resiste un poco a practicar con ella. “Es brava conmigo”, bromeó, entre risas, dejando ver la complicidad que los une. Más allá de eso, se acompañan en sus trabajos y respetan los tiempos de cada uno, pero también comparten mucho y charlan todo.
Romántico y demostrativo, Luciano no esquiva las preguntas sobre el futuro. Dijo que le gustaría ser papá y que, junto a Julia, están abiertos a que eso suceda cuando tenga que suceder. Sin apuros, sin presiones, fiel a su idea de que la vida se va acomodando. “Cuando llegue ese momento, con ganas de vivirlo”, aseguró. Y, una vez más, volvió a lo esencial: confiar, amar y caminar juntos, paso a paso, con la misma calma con la que empezó esta historia.
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