Rodrigo Lussich volvió a emocionar con un relato íntimo de su infancia, marcado por el amor, las búsquedas personales y una forma poco convencional de entender la familia. En una charla con Héctor Maugeri para +CARAS, el conductor recordó la historia de sus padres, actores que se conocieron muy jóvenes en Montevideo, cuando ambos estudiaban arte dramático y apenas tenían 18 años. “Fueron actores los dos, papá un poco más que mamá, mamá largó más rápido”, contó, al reconstruir esos primeros pasos que, sin saberlo, ya anticipaban una vida lejos de las estructuras tradicionales.
Rodrigo Lussich y una infancia lejos de las estructuras tradicionales
Cuando Rodrigo tenía apenas cuatro años, sus padres se separaron y comenzó una etapa de movimientos constantes, viajes y convivencia comunitaria. Él mismo reconoce que no le gustan las etiquetas, pero admite que la palabra “hippie” es la que mejor resume ese modo de vida: una búsqueda por fuera del sistema de consumo, con Brasil como destino recurrente por las libertades que ofrecía en ese momento. Las idas y vueltas fueron escalonadas, sin decisiones abruptas, hasta que su padre terminó instalándose definitivamente en ese país, mientras ambos formaban nuevas parejas y se integraban a una dinámica de comunidad y amistad.
Lejos de los prejuicios que solían acompañar a ese estilo de vida, Rodrigo fue claro en desarmar ciertos mitos: no había promiscuidad ni descontrol, aunque sí una mirada social cargada de sospecha. Para su familia más tradicional, especialmente sus abuelos católicos y su entorno más acomodado, sus padres eran “la oveja negra”. Esa tensión entre lo establecido y lo alternativo marcó parte de su infancia, atravesada por mudanzas, casas prestadas y una convivencia que hoy, con distancia, él mismo describe como digna de un manual de psicología.
Rodrigo Lussich y la historia detrás del “circo” que marcó su infancia
Hubo un período particularmente singular: una casa en Pocitos donde, en la planta alta, vivía su madre con su nueva pareja y, en la planta baja, su padre con su segunda esposa, quien además mantenía una buena relación con la madre de Rodrigo. Él subía y bajaba, alternando entre ambas familias, en una cotidianeidad que combinaba afecto, acuerdos implícitos y una lógica poco frecuente. Sin embargo, incluso en ese contexto, admite que sus padres seguían emocionalmente enganchados.
El recuerdo más pintoresco de esa etapa es el que da título a su relato: “Mi mamá se fue con un circo y mi papá se fue atrás de ella porque la quería reconquistar”. Aunque aclara que no era literalmente un circo, sino un elenco de teatro, la imagen resume el espíritu nómade y romántico de esos años. Todos terminaron en Río de Janeiro, iniciando una serie de viajes que marcaron su niñez.
Con el tiempo, esa vida en comunidad quedó atrás. Cuando ambos formaron sus terceros matrimonios, ya no hubo más mezcla ni convivencia compartida. Ahí, dice Rodrigo, se produjo la separación definitiva. Hoy, al mirar hacia atrás, no hay reproche, sino una comprensión madura de que sus padres estaban, simplemente, buscando su propio camino. Y en ese recorrido, sin proponérselo, le enseñaron que el amor puede tomar muchas formas, incluso las menos previsibles.
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