Marcelo Polino es una de las figuras más reconocibles del espectáculo argentino, pero puertas adentro elige un modo de vida muy distinto al de la exposición constante. En una charla con Héctor Maugeri para +CARAS, el periodista habló sin filtros sobre su vínculo con la soledad, el orden y el disfrute personal. “Yo estoy tan enamorado de mí que no creo que nadie me pueda dar todo lo que yo me di”, lanzó, con esa mezcla de ironía y convicción que lo caracteriza. Lejos de sonar egocéntrico, su frase funciona como una declaración de amor propio y de autonomía emocional.
Su casa es un reflejo de esa manera de estar en el mundo. Polino pasa gran parte del día trabajando, haciendo notas y cumpliendo compromisos, pero al volver necesita silencio y control del entorno. Tiene un parque de más de 200 metros que, según cuenta, solo observa desde la ventana, sentado en un sillón. “No salgo afuera, me pongo a mirar”, explicó, dejando en claro que no busca contacto con la naturaleza sino contemplación. Ese espacio, más que un lugar para compartir, es parte de su ritual de descanso y de introspección.
Marcelo Polino y el amor propio como proyecto de vida
Cuando se imagina conviviendo con alguien, Marcelo es tajante: no se ve en ese rol. Su casa, dice, es como un quirófano, todo tiene su lugar y su lógica interna. Las rutinas compartidas, las cuentas, las compras y las pequeñas negociaciones de la vida en pareja no forman parte de su deseo actual. No habla desde la desilusión, sino desde la comodidad con su presente. “El que venga tendría que sumar”, aclaró, marcando que no se trata de cerrar la puerta al amor, sino de no forzarlo.
Esta necesidad de controlar el entorno también se manifiesta cuando viaja. En más de una oportunidad, Polino contó que en los hoteles suele tapar completamente las ventanas para que no entre el sol. Esa costumbre, que puede parecer extrema, responde a su búsqueda constante de tranquilidad y oscuridad para descansar. El ruido del exterior y la luz intensa no son compatibles con su idea de confort. Así, incluso en espacios ajenos, intenta recrear esa burbuja de calma que tanto valora.
Marcelo Polino y la intimidad como refugio frente al ruido
Aunque su trabajo lo obliga a estar en contacto permanente con el mundo del espectáculo, Marcelo marca una frontera clara entre lo público y lo privado. Disfruta del análisis, del debate y de la televisión, pero no necesita que eso continúe dentro de su casa. Allí, su prioridad es bajar el ritmo y reconectar consigo mismo. Convive con sus mascotas, con sus rutinas y con un silencio que considera indispensable. Para él, ese equilibrio es clave para sostener una carrera tan intensa.
Lejos de romantizar la soledad, Marcelo Polino la vive como una elección consciente. No la presenta como un sacrificio, sino como un estilo de vida que lo hace sentir pleno. Su parque, sus sillones, sus ventanas tapadas y su orden quirúrgico forman parte de una misma filosofía. En un mundo que suele exigir compañía constante, él apuesta por el autoconocimiento.
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